Lápices y balones

Si te gusta el fútbol, el Real Madrid, los dibujos animados, el diseño y la animación, adelante. Pasen y vean.


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A nightingale sang in Paris


La verdad, no tenía ni idea de que pájaro podía estar cantando a esas horas de la madrugada.

Y era un pájaro normal. No era un búho, o una lechuza, o cualquier cosa nocturna. No. Era un pájaro de verdad. Y sonaba increíble. Incredible.

Era todo muy raro.

Era raro estar ahí viendo toda esa pradera, el castillo a lo lejos, y oyendo todo el ruido del patio, los camareros del hotel recogiendo los restos de la cena.

Debería estar durmiendo.

Pero no podía.

Porque no sabía lo que iba a pasar mañana.

No sabía si iba a tener la oportunidad que no había tenido durante toda la temporada.

No sabía, o no quería pensar en los siguientes pasos. Sí, la selección. El dragón. Eso sí lo sabía. Por encima de cualquier lesión, de cualquier comentario, de cualquier cosa.

Pero dios, me costaba mirar la camiseta blanca encima de la silla. Me costaba ver el escudo. Se me removía algo muy desagradable en el alma. Porque había llegado a amar al Real Madrid con tanta fuerza, que me era imposible comprender qué había ocurrido en los últimos años. No podía. Yo quería odiar ese escudo, por lo mal que lo había pasado; intentaba borrarlo de mi memoria, pero no podía. Impossible.

No entiendo por qué lo hice. Era estúpido, innecesario, y muy peliculero, pero saqué el móvil y abrí Youtube (no lo hagas, no lo hagas, idiota), y busqué uno de esos vídeos hechos por fans. Tan bien hechos, por cierto. Ahí estaba. Todos mis goles con el Real Madrid.

Play.

Me empezó a temblar la mano al minuto de vídeo, porque me acordaba demasiado bien de ellos.

Soy estúpido, te lo digo. Podía parar el vídeo, podía hacerlo. Podía apagar el móvil. Podía acostarme. Debía hacerlo. Pero no quería, ¿por qué, maldita sea, por qué?

El primer gol contra el Villarreal. Carvajal lanzándose encima de mí, que loco está este tío.

El primer gol en Champions con ellos, contra la Juventus.

Goles de falta, curvas por encima de barreras que no podían contra mí. Quería tanto al Madrid, dios santo, que no me podían parar.

El gesto del corazón a la afición era de verdad. Era de verdad, lo juro.

El gol de la final de Copa contra el Barça. Ese gol.

El gol en la Décima, qué rabia al cabecear. Casi me rompo las rodillas en la celebración. Te digo que soy estúpido.

Camiseta rosa, camiseta negra del dragón, diadema. Me empezó a crecer el pelo. Seguía corriendo como un salvaje. Me lesioné. Quería recuperarme lo antes posible. Me daba igual el dolor.

Éramos la BBC. Cris era el rey, y nosotros, Karim y yo, los príncipes de la banda. Nos tenían todos miedo.

Ese penalti que lancé lesionado. En la Undécima. Qué drama. Cris y Pepe estaban al borde de las lágrimas. Yo estaba al borde de la extenuación. Me dio igual. Recuerdo ir con el balón bajo el brazo y la pierna a rastras. Me reventó el gemelo, pero me dio igual, ahí estaba el balón, al fondo de la red.

Llegó el moño. La melena. La Duodécima en mi casa. No pude jugar el partido completo, pero cómo lo viví.

Cómo lo viví.

Y me dije, esto no ocurrirá otra vez.

Y la Decimotercera fue mi momento.

Volé.

Justo en ese gol, la pantalla se volvió borrosa. Di hacia atrás en el vídeo para refrescar la imagen. Eran 106 goles, y lo peor de todo, eran 106 abrazos.

Bueno, de esos hubo muchos más. Todos los que me daban al llegar a los entrenamientos, en las fiestas post partido, en las reuniones, en las celebraciones. Eran cientos de miles de abrazos los que había recibido con esos chavales. No podía verlos otra vez. No podía. Adelanté el vídeo, y seguía viéndose cada vez más borroso, y entonces cayó algo en la pantalla y me di cuenta de que no era un problema del streaming.

Si seré stupid, man. I’m so stupid.

Ahí tuve que parar. Dolía como un demonio. Maldita sea. Me giré y quise salir de la habitación, a algún sitio lejano, a la oscuridad del jardín, donde no me viera nadie llorando. Era una vergüenza y un espectáculo, y encima compartía habitación. Estaba con la mano en la manilla de la puerta cuando se abrió, y ahí estaba él. La única persona que me había entendido siempre. Siempre. Siempre.

Se me quedó mirando, y yo no podía hablar. Qué vergüenza.

Entró, cerró la puerta, dejó los cascos y el móvil en la mesilla. Se mesó el pelo por detrás de las orejas, ese gesto que siempre hacía. No dijo nada. Solo se puso de puntillas y me abrazó con una fuerza tremenda.

Con lo frágil que parecía al principio, al principio del todo, cuando llevábamos un gallo azul encima del corazón. Ahí fue cuando aprendí, por las buenas y por las malas, que ese aspecto delicado escondía una fortaleza brutal. A mí me pasaba al revés. Crecí antes de tiempo. Era un tío enorme, daba miedo, pero me rompía con facilidad. Como en ese momento. Me derrumbé como un idiota.

Tardé un montón en calmarme. Como un crío. Qué humillación. Qué humillación, la prensa. Qué humillación, los insultos en las redes, que ya no leía porque me ponía enfermo. Que humillación los abucheos. El Real Madrid tenía una parte muy cruel y muy dura, y era la propia afición. No son conscientes de lo que hacen. Solo hablan del dinero, del dinero que se gana, de lo bien que vivimos. Como me gustaría devolverlo todo y volver al 2013, y empezar desde el principio otra vez. Lo haría sin duda alguna. Sin dudarlo.

Les odiaba, pero me odiaba a mí mismo por todas y cada una de las lesiones.

Le estaba empapando a Luka la camiseta por la espalda. Me separé y me senté en la cama, mi cuerpo grande y torpe, y él se sentó al lado.

– Soy un idiota – le dije en inglés, entre sollozos-. Ni siquiera he aprendido bien español.

Él me miró.

-Eres una leyenda del Real Madrid- señalaba el móvil. Me lo había dejado abierto.

Negué con la cabeza.

-Soy un fracaso.

Luka me dio un puntapié. ¿Ves? por las malas. Que fuerza tiene el condenado. Me hizo tanto daño que dejé de llorar. Ahora estaba enfadadísimo, como aquellas veces en las que algún rival se sobrepasaba e iba a pedir explicaciones al árbitro. Daba miedo y risa al mismo tiempo verle así, con esa arruguita encima de la nariz.

-Jamás- dijo-. ¡Jamás vuelvas a decir eso!

-Pero los últimos años…

-Tú no has hecho nada malo- me dijo-. Han sido la envidia, la maldad y la nula comprensión del mundo. No ven más allá de sus narices. El tiempo te dará el amor que no te están dando ahora ellos. Espero que por ahora, te valga el nuestro. El de Carletto, el de Karim, Marcelo, Dani, Lucas, todos ellos; el de los pequeños, Rodrygo y Vini, el de los canteranos que te miran con esa cara de pasmados cuando pasas por delante, el de la afición de verdad, el de toda la gente buena que hemos conocido en este viaje. Y el mío, claro.

Volví a llorar. Ahora encima, con dolor en la espinilla.

-Me gustaría quedarme aquí para siempre- dije, y sonó tan tonto que me dieron ganas de abofetearme. Pero es que debajo de todos los rumores, y las afirmaciones de mi agente, y mi cara de palo en las ruedas de prensa, estaba desesperado, porque sabía que nada iba a ser como allí en el Real Madrid. Nada.

Luka sonreía.

-Cuando quieres algo de verdad, jamás te separas del todo. Yo volveré al Real Madrid, si alguna vez me marcho. Sé que volveré. Y tú también.

Me quedé mirándole.

-¿De entrenador?

-No, no. No hablo de diez años o de veinte. Hablo de mi segunda vida.

Me entró una risa histérica. Pero el tío no iba de broma.

-Nada puede con este sentimiento. Nada, nada, nada. Ni el tiempo ni el espacio. Cuando viva mi segunda vida, volveré a ser jugador del Real Madrid. Y tú estarás también. Estaremos todos los que importan de verdad.

Tenía la cabeza demasiado dolorida como para reflexionar acerca de un futuro tan lejano. Pero le vi tan seguro, esa misma seguridad que transmitía al salir al césped, esa seguridad al dar los pases, esa mirada tan franca, que me lo creí. Y de pronto sentí que se desaflojaba el nudo en mi garganta. No del todo, pero ya podía respirar.

-Si nada es para siempre- me dijo-, lo malo tampoco perdura. Lo cual es bueno. Significa que a esa espantosa camiseta que llevaste ayer en la cena le queda poco tiempo.

Le di un almohadonazo y se escapó de milagro. Por los pelos. Ya no me pesaba el alma. Ningún adiós es para siempre, porque el futuro nos reserva todo lo inimaginable y mágico. El Madrid es como ese futuro. Cuando todo parece perdido, de pronto sale esa chispa que nos contagia a todos y provoca esas locuras de magnitud cósmica . Luka es portador de ese sentimiento, es la llama que enciende esa mecha. Por eso todo el mundo le quiere.

Le miré mientras se levantaba y se iba tatareando a la ventana, «Let’s go, the world awaits… it feels like love isn’t hard at all…«, con ese acento tan característico.

Y sentí que le quería tanto que se me partía el alma. El amor de la amistad es muy complicado de entender y de expresar, mucho más que el romántico. Y él es mi mejor amigo en ese universo blanco. Pero no iba a decírselo en ese momento, por supuesto. Ya había sido bastante bochornoso mi comportamiento.

-Hay un pájaro cantando- le dije-. Es muy raro. No sé cual puede ser.

-¿En serio? Tengo una app de identificación de pájaros- corrió a por el móvil y lo sacó por la ventana.

-Como se te caiga vas a descalabrar a algún camarero- le avisé.

-¡Shhh! Que no lo reconoce si hablas.

I love you, Luka– le dije – I love you so much.

Si te digo que soy tonto de remate. Él estaba mirando el móvil, todo atareado, otra vez el pelo hacia atrás. Me miró.

It’s a nightingale– dijo sorprendido, y después, sonreía – Me too.

-¿A por la catorce?- dije en español, un español con un acento horroroso, mientras me secaba la cara con la manga.

-A por la catorce.

**************

Llevaba mucho tiempo sin hacer el especial previo a la final de Champions.

Demasiado tiempo.

Y lo necesitaba como el aire.

Estos últimos años han sido un torbellino. No da tiempo a procesar nada. No da tiempo a entender ni a creer. Todavía no puedo creerme que mañana sea la final.

Pero ahí estamos.

Y aquí sigo yo. Y cada vez quiero más al Real Madrid y a todo lo que le rodea.

Esta de aquí abajo es la canción que canta Luka Modric en el especial. Espero que muchos de vosotros la escuchéis, esta noche, cuando os vengan los nervios y no podáis pegar ojo. Os recomiendo que la escuchéis mientras veis resúmenes de Gareth Bale en el Real Madrid, o resúmenes de esta temporada, o cualquier cosa que os haga conectar con los chicos de París, que nos necesitan.

Y no lloréis. Guardaos las lágrimas para cuando levantemos el trofeo.

HASTA EL FINAL, VAMOS REAL


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Primor


Final de la Supercopa de España 2022 ¬ Atheltic Club de Bilbao 0 – Real Madrid 2

Buscaba una palabra para definir el partido del domingo 16 de enero del 2022.

Le he dado muchas vueltas, muchísimas. Pero revoloteaba por mi cabeza esa que define a la labor de punto más bella, a la costura más perfecta, al cuadro mejor acabado. Primor, primor, primor. Y ya está decidido, porque sí, veía de nuevo el gol de Luka, y era un primor. Repasaba el juego de la plantilla, y era un primor. He aquí la razón del nombre de este post.

He vuelto con fuerza, y he vuelto para siempre. Porque nadie se va nunca del todo.

Bienvenidos de nuevo a Lápices y Balones. Bienvenidos sean a este post. Señoras y caballeros, pasen y vean esta maravillosa final de Supercopa de España.

El King Fahd de Riad volvía a estar lleno de voces. Miles de camisetas madridistas en aquel lejano estadio con cierta forma de flor. Los chicos no estaban solos, a pesar de estar lejos de la capital.

Y gracias a las cámaras, otras tantas miles de camisetas blancas seguían con atención a los muchachos desde las casas, desde restaurantes y bares, desde el móvil tembloroso: desde cualquier lugar donde una pantalla o una voz eufórica trasladada por las ondas de radio llegasen correctamente.

Ahí estaban. Los chicos blancos, y los rivales rojiblancos. La madre de Iñaki y Nico Williams volvía a bailar en la grada. Se escuchaban muchísimos Hala Madrid con acento árabe.

Se alzaron los himnos al cielo de Arabia Saudita, y por fin, los muchachos se colocaron en sus puestos. El colegiado miró el reloj, dio tres pitidos…

Y empezó el partido.

Como era de esperar, el Athletic empezó metiendo caña. Un susto de muerte en el minuto 1, con Williams volando por la banda al son de un pase largo. Afortunadamente, Alaba se encargó de despejar el miedo, y el Madrid contraatacó con todas las ganas. Rodrygo fue el último en recibir el balón de Casemiro, muy cerquita de Unai Simón, y disparó…

…muy irregular, enviando el balón lejos de la meta.

-¡¡¡¡UUUUUUUUYYYYY!!!!!- gritamos toda la afición madridista, inaugurando el primer rugido del partido. Y no sería el último.

El Athletic, pálido, asistió a cómo se le venía encima un Madrid lleno de ganas de ganar. El balón volaba de un chico blanco a otro, y los rojiblancos trataban de cortar pases y tiros venenosos, como el de Kroos en el minuto 10. Después nos volvería a tocar a nosotros contener el aliento, viendo como Williams senior cogía la moto y arrancaba hacia el área, muy desprotegida en aquel instante. Gracias a Alaba y su providencial entrada aquello no acabó en tragedia griega, pero sí que arrancó una polémica.

-¡¡MANO, MANO!! ¡¡PENALTI!!- chilló el Athletic, y Soto Grado se vio invadido por furiosos vascos, reclamando un penalti… inexistente. Porque sí, había habido un rebote en el brazo de Alaba, pero mientras el jugador resbalaba por el suelo y cuya mano estaba apoyada en la hierba. Por lo tanto, no hubo más polémica que la creada por nuestros queridos enemigos y rivales en redes sociales.

Continuó el juego, y continuó hombro contra hombro, hombre contra hombre. Apenas había intervención de los porteros, debido a la furia en el campo de juego que no dejaba pasar el balón a las áreas pequeñas. Hasta el minuto 18.

Otra contra letal de los madridistas. Benzemá se encontró con el esférico en las botas, y ni corto ni perezoso armó un potente cañonazo, bella la curvatura de ese balón que iba directo a la red del Athletic…

…y entonces apareció un desesperado Unai Simón, que estirando el cuerpo todo lo que pudo, tocó lo justo el cuero, con las puntas de los dedos…

…y lo envió a córner.

-¡¡¡¡AAAAAAHHHHH, BENZEMÁAAAAAAA!!!!- gritamos, mordiendo las bufandas, o los puños, o tirándonos del pelo. Porque aquello era un golazo cantado, y Benzemá se giró para mirarnos y decirnos que tampoco podía creerlo.

El córner pudo ser más peligroso de lo que parecía, porque en esa ocasión Simón no hizo un buen papel, y nuestro querido Militao, con un testarazo potente, alcanzó el balón… enviándolo fuera.

– Mamma mia- soltamos los que todavía teníamos voz, tanto los de Bilbao como los de Madrid. Y el King Fahd cada vez subía más su volumen particular.

El Athletic decidió entonces blindarse atrás, ante la marejada blanca. Y el juego continuó, impecable nuestra defensa igualmente ante los ataque sueltos de los leones, que jugaban todas sus cartas por Iñaki Williams. El problema que tenía el rápido 9 vasco eran nuestros maravillosos Militao y Alaba, que bloqueaban todos los balones que pudieran resultarle un quebradero de cabeza a Courtois. Era sencillamente perfecto.

También eran perfectos nuestros centrocampistas. Casemiro, medio defensa; y Modric y Kroos, que jugaban con el cuero y no paraban de hacer pases a la delantera de increíble calidad. El alemán fue el protagonista del minuto 32, pero no por uno de sus estupendos toques, sino por algo mucho más doloroso: un tremendo pelotazo en la cara de parte de Berenguer (accidental, todo sea dicho), cuando el vasco trataba de centrar.

Se hizo un pequeño silencio mientras Toni se dolía, ciertamente aturdido en la hierba. Ya teníamos antecedentes de balonazos que habían sacado a jugadores del campo, como Gavi con el Barça. Afortunadamente, el fuerte káiser se levantó, lagrimeando aún por el golpe, y diligentemente se incorporó a su puesto.

-¡¡Bravo, Toni!!- chillamos, y chilló el estadio, emocionado. Y quizás fuera por la interrupción, pero el Athletic encontró un hueco por el que colarse en el campo madridista. Asistimos temblorosos a la acción de Rodrygo, que in extremis detuvo el paseo de Muniain… llevándoselo por delante.

Falta clara, y muy peligrosa, por cierto. Enmudecimos aún más, mientras el centrocampista vasco colocaba el balón, aún cojeando ligeramente, y lanzaba uno de sus tiros con rosca al área pequeña…

…y apareció nuestro capitán en escena, el omnipresente Karim Benzemá, para ahuyentar el peligro; y acabando su periplo en el suelo, derribado por Íñigo Martínez. Falta a favor de los blancos.

Luka observaba. Observaba y corría, observaba a sus compañeros y corría; miraba el reloj del marcador y pensaba mientras corría, corría. En una final el tiempo parece pasar más deprisa de lo que manda la realidad, sobre todo cuando tenías la urgencia de marcar. Por eso se presionaba, volaba por el césped, capitaneando junto a Karim, dando instrucciones a los mayores y a los jóvenes, y daba igual su edad o su condición. Era Luka y era una saeta.

Y vio como nadie el futuro cuando Rodrygo agarró aquel balón en el área derecha, en el minuto 37. Vio que ganábamos si seguía al chaval del 21. Vio como regateaba y no dejaba que nadie tocase aquel balón, por eso corrió aún más de lo que había corrido, para alcanzarle, para alcanzar ese pase que sabía que iba a lanzar. Rodrygo le miró, mientras ambos se internaban en el área y pasó el cuero a la posición del croata, segundos antes de rodar por el suelo, derribado por la defensa del Athletic.

Y Luka disparó según venía el esférico.

Fue un giro de cuerpo a la velocidad de la luz. Nadie lo vio venir. La parábola se coló lamiendo el poste derecho, Unai se lanzó muy tarde. Nadie lo veía venir, salvo él.

-¡¡¡GOOOOOOOOOLLLLLLLLL!!!!!!_ se cayó el estadio, y nos caíamos nosotros, o mirábamos congelados de felicidad al pequeño 10, que corría a celebrarlo con la grada, saltando, puños en alto. Allí se quedó, en el borde del campo, esperando a que llegasen el resto de sus compañeros a arrollarle.

Primor. El encaje de una falda de novia. El gol de Luka Modric.

El Athletic sacó del centro del campo, tratando de coger aire. El Madrid tuvo alguna ocasión más, aprovechando el pavor del adversario, que trataba de reaccionar. Y parece que despertó a segundos del descanso. Despertó Sancet, que con mucha rabia envió un esférico mordido hacia la portería de Thibait Courtois. El efecto de curva pasó rozando el larguero, y nos atragantamos ligeramente. Aún tratábamos de recobrarnos cuando Soto Grado pitó el final de la primera parte, de aquella estupenda primera parte.

Sabíamos que podía cambiar todo en cualquier momento. Habíamos vivido muchas finales, y muchos partidos contra los leones de Bilbao. Pero algo había cambiado con el gol de Modric. Había sido una onda expansiva de seguridad y felicidad que nos había alcanzado a todos directamente en el corazón. Y no era solo a la afición; también a sus compañeros, a Ancelotti, que no había parado de masticar sus chicles con la fiereza acostumbrada; al propio Athletic, que no abandonaba el rictus preocupado. Ni lo abandonó cuando 15 minutos después, saltaron al terreno de juego las dos plantillas.

El Madrid sabía que podía ganar.

Ese era el resumen.

Modric tenía el poder de transmitir confianza. Y era el mejor poder que pudiera utilizarse en una final.

No hubo cambios entre los chicos blancos; sí en los leones, que sustituyeron a Berenguer por una pequeña bomba de relojería: Nico Williams. Cuidado.

Pareció la presencia del hermano de Williams lo que animó a Vinicius a subir por su banda. El brasileño no había estado tan activo como en anteriores encuentros, y aprovechó el primer minuto de la segunda parte para lucirse. Su jugada acabó en fuera de juego, pero puso en alerta al Athletic, que defendió más fieramente que antes. No dudó Balenziaga en derribar a Luka en el minuto 47, y se lanzaron como pudieron sobre Rodrygo y Benzemá minutos después, que estuvieron a punto de culminar una fantástica jugada con un cabezazo del francés.

Y llegó el minuto 50 de partido.

Otra vez Karim. Karim en el centro del área, justo enfrente de un cariacontecido Unai Simón. Karim definiendo con toda la fuerza de su empeine… y Yeray interponiéndose ante el mortal esférico, enviándolo a córner.

O eso pensamos.

-¡Eh! ¡¡Penalti!! ¡¡Penalti!!- exclamó Benzemá, abriendo unos ojos como platos; y Rodrygo, que había visto la jugada de muy cerca, y otros cuantos madridistas, que rodearon al colegiado. -¡¡¡PENALTI!!!- rugía el estadio, y los de casa asistíamos al debate confusos, esperando la toma de repetición. El Athletic también se echaba encima del árbitro; Marcelino daba botes en la banda.

Por fin pudimos ver la toma de la discordia, y efectivamente, no se confundían los chicos madridistas. El esférico tocaba claramente en el brazo del rojiblanco, en plena área.

Soto lo revisaba en el VAR, segundos interminables; todo el estadio aguardaba, todos en casa esperábamos el veredicto.

Y finalmente el colegiado se giró, dibujó en el aire aquel cuadrado mágico, y señaló al punto de penalti.

-¡¡VAMOOOSSS!!!- chillamos los madridistas. Era una oportunidad única para aumentar la ventaja en un partido nada fácil, de romper con la cerrada defensa del Athletic. Karim avanzó hacia el punto señalado, balón bajo el brazo, consciente de que tenía delante a un excelente guardameta que había realizado una gran temporada con España en la pasada Eurocopa.

Pero estaba ahí la calma del gol de Luka. Y por eso Benzemá colocó el balón, respiró hondo, avanzó al son del silbato del colegiado, y soltó un derechazo de impresión.

Unai realizó una vez más una potente estirada, a milímetros estuvo de rozar el esférico. Pero éste llevaba demasiado entusiasmo, y giró dentro de la red, al tiempo que todos nos levantábamos.

-¡¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOOLLLL!!!!- bramó el estadio y bramamos nosotros, y Karim lo celebró, sencillo y humilde, pero al mismo tiempo poderoso, a sabiendas de que aquel segundo tanto podía sentenciar el partido.

Segundo tanto, tan fino como una gota en la telaraña. Primor.

El Athletic sacó desde el centro, completamente abrumado.

Marcelino lo vio desde la banda (por cierto, amonestado con tarjeta amarilla por quejarse del penalti), y decidió hacer unos cuantos cambios; sobre todo tras una falta peligrosa a favor del Madrid que volvió a rematar Benzemá, aunque esta vez sin éxito. En el minuto 58, un triple cambio sacudió las filas de los leones: Zarraga, Sancet y Balenziaga por Yuri, Vesga y Raúl García, que nos fulminó con la mirada mientras pisaba el campo. Peligro de nuevo.

Pero estaba Militao de nuevo, para alejar las pesadillas de nuestra área pequeña; el brasileño corría como un demonio, pegado a los delanteros del Athletic, con el chicle entre los dientes y dirigiendo miradas entre pacíficas y guasonas a la gradas madridistas y a sus rivales, cada vez que despejaba un balón peligroso.

Raúl García, fiel a su naturaleza, subía intentando colarnos el 1-2. En el minuto 64 logró sacar un testarazo complicado, de un esférico que venía por la derecha, levantando la grada athlética, pero no llegó a tocar la meta de Thibaut. Aprovechaba Ancelotti entonces para hacer un cambio en las filas blancas: salía Rodrygo, bastante cansado, y entraba el pajarito Valverde, poderosa zancada y gran calidad. No tardó mucho ene star volando por la banda derecha, listo para hacer pases a la cocina, como el que hizo en el minuto 68: sin rematador, pero con gran clase.

El Madrid estaba jugando de 10. Comandados por los arcángeles Modric y Kroos, dirigidos en la delantera por Karim y capitaneados en defensa por Alaba y Militao. El resto, maravillosos, hacían mil trabajos al mismo tiempo; sus voces resonaban entre el griterío del estadio, apoyándose y dándose ánimos, ojos fijos en el tiempo que cada vez ser acercaba más al ansiado 90.

A partir del minuto 76, el ritmo del encuentro arreció. El Athletic protagonizó un ataque mortífero; un balón salió curvado hacia el área pequeña, concretamente hacia la banda izquierda, y Raúl García se desmarcó dejando atrás a los defensas blancos, perfilándose para una volea que Thibaut veía llegar, aterrado.

Raúl soltó el zurdazo hacia la portería…

…y se topó con la valiente bota de Militao, que sin miedo alguno se interpuso y desvió el balón a córner.

-¡¡¡MILITAOOOOOO!!!- rugió el madridismo. Imperial Militao, valiente Militao.

Córner, y de nuevo saltaba Raúl García con furia, buscando el cuero con la testa; pero en este casos fue su propio compañero Yeray el que taponó el disparo, sin quererlo. Ambos se marcharon a sus puestos, diciendo cosas por lo bajo, y nuestro número 1 volvió a sacar de puerta.

Se aproximaba el minuto 80. Los nervios estaban a flor de piel. Vinicius trató de iniciar un arrancada en el 77, y fue derribado sin miramientos por Dani García, lo que le valió la primera tarjeta amarilla de todo el partido.

Curiosamente, a pesar de que aquel encuentro era un choque de gigantes, ambos rivales se habían respetado mucho y no había habido faltas feas ni juego peligroso o sucio, lo cual se agradecía de parte de la afición. Dos caballeros en duelo bajo el cielo de Arabia Saudita.

En el minuto 80, tras una falta favorable al Athletic que terminó rebotando en la barrera madridista, Marcelino movió filas de nuevo. Salía Muniain, la batuta de los rojiblancos, y entraba en su lugar Nico Serrano.

Y de pronto, los leones estaban otra vez ahí, en nuestras lindes, atacando con el nuevo refuerzo en cabeza. Alaba y Militao tuvieron que despejar unos cuantos balones de peligro inminente, perfecta sincronización; y Ancelotti vio el momento oportuno para sustituir a un agotado Vinicius por Marcelo Vieira, samba brasileña. El brazalete pasaba de Karim al número 12, que se disponía a cumplir su papel lo más fielmente posible en los minutos restantes de partido.

Y llegó el minuto 87.

Una nueva contra de los rojiblancos. De nuevo peligro por la banda izquierda, en botas de Yuri B, que lanzó un baón al corazón del área. Saltó Raúl García, absoluto protagonista de la delantera de los leones… y saltó Militao, para no variar; allí estaba el brasileño, junto con el inseparable Alaba.

Hubo un auténtico choque de trenes. El balón salió despedido, al igual que Raúl García, que aterrizó en el suelo; acto seguido se levantó corriendo y gritó:

-¡¡MANO!! ¡¡MANO, PENALTI!!

Era muy extraño. Militao se puso las manos sore el pecho y trató de rectificar. La afición asistimos asombrada al cruce de palabras con Soto Grado, que calmó los ánimos diciendo que lo iba a consultar con el VAR.

-Pero, ¿qué mano? ¿Qué mano?- nos preguntábamos todos; y entonces llegó la repetición en la pantalla, y vimos el desaguisado. El balón rebotando en el brazo de Militao, dios mío.

Si lo hizo a propósito para salvarnos, o fue accidental, eso aún no se sabe. El caso es que el colegiado consideró la jugada, se giró, e hizo el mismo gesto que en la primera parte: penalti. Penalti a favor del Athletic.

Y entonces, para rematar, se llevó la mano al pecho, sacó la tarjeta roja y se la mostró a Militao.

La cara incrédula del brasileño reflejaba la misma sorpresa que silenció a toda la grada blanca, a los madridistas que estábamos en casa. Parpadeamos, pero era cierto. Expulsión.

¿Expulsión, por qué? «Por obstaculizar claramente una ocasión de gol», rezaba el parte arbitral, más tarde. ¿Y el penalti de Yeray?

No dio apenas tiempo a protestar, porque Raúl García, viendo abrirse el cielo, enfilaba ya hacia el punto de penalti con el balón debajo del brazo. Recuerdo que en aquel momento vi una posibilidad terrible. Gol de penalti, segundo gol en los 10 minutos siguientes, empate, prórroga, y … y.. no quería ni imaginarlo.

Por eso miré, miramos a Thibaut Courtois, erguido en la portería, y le imploramos todos a una que hiciera lo que pudiera, pero que lo hiciera, por favor, que parase aquel misil que se avecinaba. Por favor.

El 1 aparentaba una serenidad infinita. Miraba al nervioso Raúl con frialdad, pero en su cerebro volaban pájaros, rodaban engranajes a una velocidad de infarto, calculando parábolas y trayectorias.

Sonó el silbato del árbitro.

Raúl García dio tres rápidos pasos y disparó, con rabia, un tiro directo y crudo, el cuero enfilado al gol.

Thibaut voló. Voló de un salto hacia la izquierda, contra el suelo, viendo como el balón le pasaba por encima… y entonces estiró su larguísima pierna izquierda, al máximo, y se escuchó por todo el estadio el sonido del cuero impactando contra la punta de la bota.

Congelado en el tiempo, como la estatua de Ícaro, aferrándose a los elementos. Primoroso, perfecto Courtois.

Y al cielo se fue el balón, lejos del peligro, lejos de todo y de todos los que abajo lo miraban con expresión estupefacta. Se detuvo el tiempo unos segundos.

-¡¡¡PARADÓN!!! ¡¡PARADÓN!!! ¡¡PARADÓN DE COURTOIS!!!!_ chillamos todos los blancos, y chillaron los compañeros, recuperados del soponcio, que ahora buscaban el rechace del cuero que bajaba a toda pastilla. Acabó lejos el peligro, y todos aprovecharon para abrazar al cancerbero, aún sereno pero con cierta sonrisilla, que nos hacía augurar todo lo mejor.

En la banda aplaudía también Nacho, preparado para saltar al césped en sustitución de Lucas Vázquez. Ancelotti realizaría el cambio pocos segundos después, en el minuto 91. Tres de añadido y éramos Supercampeones.

No quedó tiempo para mucho más. Una mano de Yuri B, que fue señalada por el árbitro, tres carreras más, y….

CAMPEONES.

SUPERCAMPEONES.

En un descontrol generalizado, todos arrollaron a todos. Mientras se grababa el nombre en la preciada copa, ese trofeo menor como gustan de llamarle los no clasificados, había bailes y abrazos por doquier. Courtois y Luka casi se ahogan en felicitaciones, sobre todo cuando le concedieron al croata el trofeo MVP. Absolutamente merecido.

-Has hecho mal un pase, ¿eh?- soltó Ancelotti, mientras el 10 bajaba del estrado, y empezó a regañarle, para después abrazarlo con chispas en la mirada.

El Athletic, digno rival, aguardaba a la entrega del trofeo, y aceptaron la medalla de plata con serenidad. Vuelvo a aprovechar el momento para alabar a los leones, que hicieron de este encuentro un partido memorable, muy bello y auténtico, con su lucha y su comportamiento ejemplar. No hubiera sido lo mismo sin vosotros, así que de corazón, ¡¡Eskerrik Asko!!

Y llegó el momento; tras la entrega de medallas de oro, las felicitaciones, las fotos y los apretones de manos, Marcelo subió el último a la tarima, sujetó el trofeo, corrió hacias sus compañeros, que ya aguardaban expectantes, y …

Y de esta forma, se elevó a las estrellas la primera copa de la temporada. La que lo empezó todo. El inicio de un año memorable para el madridismo. Un primor de equipo, de juego, de partido y un primor de trofeo menor, ¡pero qué trofeo menor tan magnífico, señores!

Siempre contigo, Madrid.

P.D Como anécdota final, el artista Mr. Dripping regaló al MVP del partido, a don Luka Modric, un retrato hecho en tinta y cuyo pincel fue una bota de fútbol.

Un regalo de artista a artista.

©Créditos de las imágenes: Diario As (as.com), Real Madrid website (realmadrid.com), Diario Marca (marca.com), Diario El Mundo (elmundo.es) El Español (https://www.elespanol.com/elbernabeu/)


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Adieu, Ciao


Ellos dos, solo ellos dos.

Recuerdo perfectamente el momento. Estaba Carlo hablando en rueda de prensa, tan tranquilo como siempre, un signore de pies a cabeza, con su traje y sus maneras pausadas pero tan correctas. Estaba tranquilo pero le chispeaban los ojos. En casa todo era un tumulto, todos hablaban a la vez, unos venían y otros iban histéricos perdidos, había un amasijo de bufandas y banderas, gorras y pancartas por todas partes, y se oían cánticos en la calle. En esos instantes, yo era la única persona sentada en una silla mirando la tele, con el móvil antiguo en la mano.

-Bueno, lo más difícil fue igualar el partido…- comentaba Carlo, y de pronto se calló y miró a su izquierda. Instantes después, al grito de “¡¡CÓMO NO TE VOY A QUEREEEEEERRR!!” aparecieron unos individuos fuera de sí, con banderas atadas a la cintura, despeinados, dando saltos como posesos. Un sabotaje en toda regla. 

Carlo se los quedó mirando sin dar crédito, ¿ese era el seriote Sami Khedira? ¿Esos eran Marcelo, Modric y Ramos, que habían acabado reventados el partido? De Isco podía esperarse algo así, de Pepe también, allí estaban los dos como canguros chiflados, ¿pero ese era Morata, el chavalote calladito y tímido? Le rodearon y se pusieron a cantar cada vez más fuerte. Carlo cerró los ojos, y de pronto se puso a seguir el ritmo de los 7 magníficos y a cantar con ellos. No hizo nada cuando Ramos abrió su botella de agua y se la echó encima a los periodistas y a su traje impecable. Por fin terminaron la canción y se fueron igual de súbitamente que habían ido, primero Luka, melena al viento, después huyeron Morata y Khedira. Ramos y Pepe se detuvieron un segundo para soltarle dos besos salvajes y salir detrás de Isco dándole collejas, y el último fue Marcelo que le tiró un balón que había suelto por ahí gritando: “¡Toma míster, pa ti!” y se alejó corriendo. 

“¡¡OEEEE, OEEE OE OEEEE!!”, las voces se iban por el pasillo, y Carlo se quedó observando el lugar donde habían desaparecido, balón en mano, con una mirada que no se me olvidará. Porque era una mirada aturdida, sí, llena de risa, sí, pero también de algo más profundo. 

-Out of program- dijo al volver en sí hacia la prensa, y todos estallaron en carcajadas. 

Y recuerdo, por encima de la risa que me provocaron las memeces de mis chicos, que pensé: este señor es lo mejor que podría habernos pasado. A ellos y a nosotros. Ancelotti había curado todas las heridas que el tormentoso (pero no menos genial) paso de Mourinho había provocado. Ancelotti había traído paz al vestuario. Ancelotti había tratado a todos por igual, había logrado sacar lo mejor de cada uno sin gritar ni regañar, con su eterno chicle entre los dientes. Ay, Carletto. 

Y cuando todo iba bien, le despidieron.

DESPEDIDO. 

Eso fue una puñalada. Estábamos todos como tontos, mirando la prensa. Le habían echado sin ningún tipo de explicación. Dolía horrores, dolió escribir esto, pero era lo único que podíamos hacer. Decirle adiós, decirle gracias, y rezar porque viniera otro la mitad de bueno que él, porque iba a ser difícil igualarle. 

Benítez, ¡qué decir! No quería al Madrid y aquello se convirtió en ofendida reciprocidad. Absoluto caos en solo seis meses. Lesiones, disgustos, furia, pérdidas y más pérdidas. Y ahí, cuando estábamos perdidos, llegó alguien que nos sacó a flote. La segunda mano de Ancelotti, bien entrenada, igual de tranquila y pacífica, trazas de Carletto con acento francés. Zizou.

Zizou revolucionó al Madrid, revolución positiva y brillante. Llegaron títulos como flores. Y cuando más grandes éramos, él se marchó. Al estilo hada madrina, que arregla los desastres y después se marcha en silencio. Ese era Zidane. Fue otro palo, pero distinto, porque él decidió. Y con profunda emoción, volvimos a decir adiós. Adieu.

Lo de Benítez fue un caramelo en comparación a los siguientes meses. Lopetegui no duró ni 4 meses. Solari se puso al mando, esperando que apareciera un entrenador tan bueno como los anteriores. No hubo tal aparición, y vimos como el Madrid se derrumbaba poco a poco.

Y entonces, atónitos y pálidos, recibimos la noticia.

Volvía Zidane.

No había sido la única vez en la que un entrenador había vuelto para rescatar al Real. Nombres como Di Stefano, Del Bosque o Toshack entre otros, lo habían hecho hasta tres veces, en el caso del ex-seleccionador de España. El último entrenador en hacerlo fue Camacho, en el 2004; desde entonces, un total de 13 técnicos distintos habían pasado por el banquillo, y no esperábamos de ninguna de las maneras volver a ver a cualquiera de ellos entrenando a la plantilla. No por nada en especial, pero parecía algo imposible.

Pero ahí estaba Zidane. Otra vez las riendas en su mano. Y a pesar de la pandemia y de toda suerte de malos rollos, lesiones, trampas arbitrales y más, nos hizo campeones de Liga y campeones de la Supercopa de España. Y nos dejó este año a dos puntos del líder, a pesar de haber sido el año más horrible que recordábamos. Tanto futbolísticamente, como en general. Horrible.

Estaban ocurriendo cosas extrañas. Zidane estaba tomando decisiones que no cuadraban. Alineaciones sorprendentes, excesivo cariño a algunos jugadores que parecían ignorar que llevaban el escudo del Madrid en la camiseta; otros jugadores que eran ignorados y vejados. Marchas forzadas. Errores que estaban provocando furia en los aficionados. La preciosa historia entre el francés y el Madrid se estaba destrozando, y en verano, como preveíamos, dijimos adiós por segunda vez. Adieu, Monsieur. Adieu, Míster.

Y quedó la pregunta en el aire.

¿Quién?

Raúl, Mourinho, Allegri, Conte, Löw. Baile frenético de nombres porporcionados por chiringuitos, panfletos y demás «expertos» en la materia. Gente dando su opinión, gente insultando a Zidane, gente fuera de sí. Cada vez uso menos Twitter (mi única red social), porque se está transformando en un apestoso hervidero de individuos histéricos, malhablados y con dos dedos de frente cuya opinión me importa absolutamente nada, y en cuyas necedades no quiero perder un ápice de tiempo. Yo quiero al Real Madrid, yo quiero al fútbol, pero estoy empezando a odiar a su afición.

Por eso no me enteré por mí misma de lo que pasó el 1 de junio. No me enteré por ninguna red social. Mi móvil estaba apagado cuando, en mitad de la merienda cumpleañera de mi hermano y justo antes de la pachanga futbolera-baloncestista con los nuevos balones, me avisaron.

-¡¡Comunicado oficial, Ancelotti!!

Me debí quedar como un auténtico pasmarote, porque de todo lo que podía esperar oír aquel día, eso ni se me hubiera pasado por la imaginación.

Cogí el móvil que me tendían, abrí la noticia, y estaba ahí. Como un’angelo biondo, por algo era Carlo Michelangelo Ancelotti. Había vuelto, después de tanto desprecio, del despido, del Ciao. Ciao es adiós en italiano, pero también es Hola. Y en este caso era Hola, un hola con mayúsculas. Mamma mia, ¿pero qué estaba ocurriendo?

A día de hoy, 13 de junio, 13 días después de la noticia, apenas puedo creerla.

Carlo ha venido para quedarse y para arreglarlo todo. Es cierto.

De momento, todo promete. Ha conseguido calmar las cosas con Ramos, Marcelo e Isco. Ya ha dado un buen zasca a la prensa deportiva, ha asegurado que va a sacar el máximo potencial de Eden Hazard (y mira que lo veo difícil), y ha tendido una mano amiga al gran despreciado de la temporada pasada, el repudiado que tanto ha dado que hablar durante su cesión: sir Gareth Bale.

Ha abierto una puerta a un esperanzador nuevo Real Madrid.

Y no puedo esperar a la temporada que viene.

Grazie mile, Carletto. Ti vogliamo bene.


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Historias de la Liga | 2020-2021 | Betis 2 Real Madrid 3: un rastro de magia blanca.


Pues sí, amigos. Como pequeños destellos, comienza a volver poco a poco la energía al Real Madrid. En este duelo contra los andaluces verdiblancos, famosos por sus ganas de luchar, hemos visto ese espíritu que llevaba cierto tiempo sin aparecer: el espíritu inagotable de un Madrid con mentalidad de ganador.

Sigue habiendo falta de gol, desde luego. Pero hubo minutos para Jovic, Mayoral y el querido Isco, que tanto llevábamos sin ver disfrutar en el césped.

Con ustedes, la crónica de este segundo partido de Liga, en este año que recordaremos todos.

FECHA Y HORA: 26-9-2020/ 21:00

ESTADIO: Benito Villamarín.

ALINEACIONES:

CRÓNICA:

Entre la noche andaluza y el verde del Betis, saltó el Madrid al Benito Villamarín: estrellas blancas.

El diseño de la alineación volvía a dejarnos patidifusos. Zidane optaba por un 4-3-1-2 : Luka Jovic acompañaría a Karim en la punta, con un Odegaard más abajo pero formando parte en la triangulación delantera, y en el centro del campo, Casemiro y Valverde titulares, junto a Kroos. Luka Modric estaba en el banquillo, nerviosísimo; al lado Isco miraba el césped con añoranza. Por fin iba a tener oportunidad de hacer allí su magia, aunque no fuera desde el inicio. La defensa madridista estaba exactamente igual que en el anterior partido contra la Real Sociedad.

Ramos levantó la vista al cielo, mientras el árbitro miraba su reloj. Había que ganar: HABÍA QUE GANAR. Era imposible pensar en derrota o en empate. Era el momento de lanzarse. Y su expresión adoptó un tono muy conocido, serio y peligroso, aquel que bien conocíamos. La esperanza nos recorrió mientras el colegiado pitaba tres veces…

Y empezó el partido.

¡¡Y Benzemá marcó!!

Así, sin más.

La arrancada del Real Madrid fue letal. En un jugadón de toques controlados, perfectos, imparables, el balón llegó a Benzemá. El francés hizo un rápido caño para enviar a Jovic; el croata pasó a Vinícius, que ejecutó un perfecto pase aéreo a Benzemá. Karim solo tuvo que empujarla para batir a Joel.

-¡¡GOOOOOOO…!!- empezamos a celebrarlo, pero entonces un sonoro pitido cortó el aire, y todos, jugadores y afición, clavamos la mirada en el colegiado, que hizo aquel gesto tan familiar y angustioso. VAR.

Solo le hicieron falta unos segundos a Burgos Bengoetxea, para que anulara el tanto.

Nos miramos cariacontecidos, el 1 del marcador pasando a 0, mientras Benzemá se alejaba del área con una sonrisa que no auguraba nada bueno. Y lo peor era que el árbitro tenía razón. Era fuera de juego, por muy poco.

-Venga vamos, ¡¡que esto no nos pare!!

El contrincante despertó entonces, y protagonizó algunas jugadas de cierto peligro. Fekir fue el primero en inaugurar el catálogo de tiros a puerta; Varane se encargó de que ese balón se desviara a córner, y el Betis tuvo dos oportunidades de tiro de esquina seguidos, pero ninguna de ellas llegó a buen puerto para los sevillanos.

Pero el Betis no iba a darse por vencido.

Minuto 7.

En pocos segundos, los verderones se plantaron en el área madridista, nuestra defensa corriendo desesperadamente para detenerles. El cuero llegó desde la banda izquierda, y Sanabria, con un salto peligroso, remató de cabeza hacia nuestra red.

Nos helamos en el sitio.

Pero estaba Thibaut.

Thibaut, tan rápido y letal. Caminando hacia atrás, la mirada fija en el balón. Cayó de espaldas y a la vez estiró la bota, esa mágica bota, que despejó el peligro hacia las nubes. Igual que contra la Real Sociedad.

– ¡¡¡PARADÓN!!!- rugimos, mientras Sanabria se iba con una risa incrédula. Courtois miró severamente a sus compañeros.

– ¡¡Vamos, va, va, VA!! ¡¡Arriba!!

Y el Real Madrid voló.

Todo empezó en el minuto 12. Y de una forma dolorosa, en concreto para Casemiro. Corría junto a Emerson, en plena pugna por el esférico, y el lateral bético le clavó los tacos en pleno tobillo. Casemiro cayó con un chillido que no pudieron ocultar los vítores falsos de la megafonía, y Emerson fue inmediatamente amonestado con la amarilla. La tensión se acumulaba, mientras los médicos atendían al centrocampista blanco.

Y brilló Benzemá.

En cuanto se reanudó el juego, Karim se lanzó por la banda derecha con una energía imparable. Se coló con rabia en la defensa sevillana, que trataba de pararle los pies, y en el mismo borde del campo realizó un pase imposible hacia el área pequeña…

…donde Valverde apareció.

Se lanzó con todas sus fuerzas, empujando el balón mientras caía al césped, y desde allí asistió, pálido, a su primer tanto.

-¡¡¡GOOOOOOOLLL!!!- entonces sí. Y aquel chaval alto y callado desapareció en una nube de compañeros; seguramente recibiría nuestras alabanzas, por lejos que estuviéramos. Un joven humilde que ponía todo el corazón en cada partido, y que demostraba que merecía aquella oportunidad.

El gol dio alas a los muchachos madridistas. Ramos estuvo a milímetros de marcar el segundo tanto, solo sesenta segundos después del primero.

Y Fekir no tardó en replicar la ofensa, con un lanzamiento que se fue ligeramente desviado de la portería de Courtois.

Aún así, teniendo al belga entre palos, podíamos estar seguros. Se adelantaba a cada rival con una seguridad de plomo, como en el minuto 28, donde detuvo un esférico cortesía de Canales. Otro que estaba en dulce, Varane, cortaba como podía los ataques del Betis, que cada vez se acercaba más peligrosamente a la portería.

Y pasó.

Córner a favor de los béticos.

Una leyenda de nuestro fútbol llamada Joaquín, lanzó el balón desde la esquina. Sergio Canales recibió y la puso con toda delicadeza en el terrible lugar, aquel donde Mendi solo tuvo que empujarla con la testa. Y lo hizo con tanta rabia que los dedos de Thibaut se doblaron hacia atrás.

Nos quedamos observando tontamente el balón en la red. Mientras, los verdiblancos celebraban con emoción.

El Madrid sacó del centro con puro aturdimiento. Y el Betis se aprovechó de ello. De pronto, sin previo aviso, estaban otra vez en el área. De Fekir a Carvalho, que quedó rodeado de la defensa blanca, y ante Courtois, disparó.

El joven belga saltó como una liebre hacia el esférico, propulsado por una fuerza salvaje hacia la esquina inferior derecha; cayó con todo el cuerpo sobre él, el costalazo debió sacudirle todas las costillas, pero desde ahí solo pudo mirar como rodaba el cuero en la portería, como ascendía el 2-1.

Los chavales verdiblancos chillaban de pura alegría. El marcador había girado a su favor, y nosotros ahí, con las dos puñaladas, tan blancos como el color de nuestra primera equipación.

-¡¡Va, va, va!!- gritó alguien entonces, rompiendo el hechizo, muy por encima de los falsos rugidos de la multitud-. ¡¡Al centro, venga, vamos!! ¡¡VAMOS!!

No sé si fue Ramos, Zidane, Benzemá, Luka desde el banquillo, o nosotros mismos; o sería el corazón blanco que latía en todos. El caso es que Courtois se levantó del césped, donde estaba de rodillas; la delantera se miró, confidente, y algo comenzó a sobrevolar por el estadio. Algo emocionante y que provocó un escalofrío en los rivales.

Cuidado, que volvemos.

El juego se detuvo unos minutos, primero por una contusión de Sergio Canales, que tardó en recuperar su dolorido hombro tras un golpe contra el césped; y después por una tarjeta amarilla en el 39 para Guido, que derribó a Benzemá con toda su alma en un contraataque madridista.

Era una oportunidad idónea. El capitán Ramos, mirada clara, dejó hueco a Kroos ante la pintada blanca en la hierba. Aguardamos nerviosos el pitido; los dos se tensaron, pero solo el sevillano se lanzó hacia delante y golpeó el esférico.

Nos quedamos todos congelados, observando la parábola…

…que se perdió en las gradas vacías.

– ¡¡Noooooo!!- prorrumpimos en lamentos, mientras mirábamos de reojo el reloj. Había que marcar cuanto antes; era absolutamente crucial. Y Modric se levantó de golpe del asiento.

-Sácame, míster.

La mascarilla no pudo ocultar su urgencia. Zizou le miró, y solo asintió. Luka salió disparado, cambiándose a toda velocidad la equipación; se quedó unos segundos paralizado mientras asistía a una desafortunada acción de Carvajal, una dura entrada que derribó a Fekir y le costó la amarilla…

…pero en seguida se rehizo y se colocó en la banda para salir.

Y es que el croata y el técnico francés se habían percatado de que algo no iba bien. Y ese algo, era Toni Kroos.

El alemán había tratado de pasar desapercibido, pero sí que nos habíamos fijado en ciertos gestos de dolor, en que se echaba de vez en cuando la mano a la cadera izquierda. Y aquello había crecido durante los últimos minutos, hasta el punto de que el noble número 8 cojeaba al tratar de defender el mediocampo.

Toni vio de reojo a Luka en la banda. En ese cruce de miradas se dijeron todo. Y el alemán decidió hacer su última intervención a lo grande.

Minuto 44.

Kroos recibió el esférico y vio a Benzemá solitario en el área.

El pase fue una delicia, un trino perfecto. El francés se lanzó a por el balón, deteniéndolo con el pecho de espaldas a la portería; de ahí, como amaestrado, lo bajó a la pierna al tiempo que giraba, y remató con todas sus fuerzas hacia Joel.

Nadie respiró.

Y Joel detuvo desesperadamente el gol.

La frustración invadió a todos los blancos. Kroos agachó la cabeza; acababa de elevarse el cartelón con su nombre, y se fue renqueante hacia Modric, quien chocó las palmas y le lanzó su mirada amable y brillante.

-Lo has hecho genial.

Así pensamos todos, mientras se retiraba el káiser y entraba el pequeño soldado.

Una lástima que no diera tiempo a mucho más. En seguida el colegiado pitó tres veces, y todos fueron al descanso.

Estaba claro que había que salir mordiendo. Modric era un recambio perfecto para ello: sin dudarlo, iba a repartir juego y ser generoso defensivamente, y Benzemá, con la rabia de haber fallado aquella última, iba a salir con muchas ganas.

Y vimos escrita en las frentes de aquellos muchachos la palabra «remontada». La vimos clara en sus miradas, en la mirada de Zidane, cuando salieron al césped del Villamarín. Y apenas pudimos contener la alegría cuando vimos entre esos once un rostro familiar, una figurita de aspecto de samurái y mirada andaluza: el señor Isco Alarcón, que entrecerró los ojos con ganas de pelea. Odegaard se sentaría en su lugar.

Comenzó la segunda parte.

El Real Madrid se lanzó hacia arriba como por un resorte.

De pronto allí estaba Carvajal, volando por la banda derecha, mirada fija en Karim, Jovic y Valverde, que le acompañaban en la carrera. Su toque maestro envió el balón hacia el francés, escurriéndose juguetonamente de la desesperada defensa bética. Emerson se lanzó por delante Karim; ambos estiraron la pierna para recuperar el balón…

-¡¡¡GOOOOOOOOOOOLLLL!!!- chillamos por fin, elevándonos en alegría, mientras el nueve blanco sonreía y los compañeros corrían hacia él para abrazarle…

…y el árbitro detuvo el juego.

Como estatuas de sal, aguardamos. VAR de nuevo.

-¿Pero qué pasa?- nos quejamos, furiosos, buscando en la repetición cual era el error a revisar. Parecía ser que había un fuera de juego por parte de Karim, y miramos con fruición la cámara lenta, hasta que…

-¡Un momento! ¡No es Benz quien marca! ¡¡ES EMERSON!!

Efectivamente. Era el muchacho cedido por el Barça, el autor del tanto. Era su bota la que enviaba el cuero al fondo de la red de Joel. Temblando, miramos a Burgos Bengoetxea…

…que vio lo mismo que nosotros.

¡¡GOL VÁLIDO!!

Ahora sí. Pero no podíamos perder el tiempo en celebraciones. Había que volver a dar la vuelta al caprichoso marcador, y los minutos corrían. Así que los dos equipos, ansiosos de puntos, se colocaron, el Betis puso el balón en juego…

…y el Madrid volvió a recuperar el control, buscando cualquier hueco que les condujera al tercer tanto. Empezaba a romperse el partido. De pronto vimos a Sergio Ramos en la parte izquierda del campo, en una posición que no le correspondía, asistiendo a Benzemá en el área. El balón se estampó en el palo, provocando una ola de inseguridad en el Betis; y aunque la jugada quedó invalidada por posición incorrecta, aquello sumó fuerzas para los siguientes minutos.

Modric había salido como un huracán. Estaba en todas partes, atendiendo sobre todo en defensa. Quizás con demasiada energía, aquella con la que detuvo la intentona de Guido cuando se aproximaba a la zaga madridista. El centrocampista cayó contra el césped y Burgos Bengoetxea no dudó en elevar la amarilla por encima del 10 croata.

Resoplamos mientras Canales disparaba el cuero, directamente contra la barrera; Fekir y Joaquín tendrían también oportunidades contra nuestra portería, pero ninguna llegó a mayores consecuencias.

Entonces llegaría el minuto 62.

Y todo se aceleró.

Joaquín se retiraba del campo, dejando paso a Cristian Tello. Ramos volvía a su puesto aún furioso por una jugada anterior, un córner a favor de los chicos blancos, en el que parecía haberse visto una mano en plena área, pero Bengoetxea le había silenciado. El sevillano lanzó el esférico hacia delante, y apareció Jovic.

El serbio, que tan silencioso había discurrido en aquel partido, se abalanzó sobre el esférico y corrió como alma que lleva el diablo, enfilado hacia la portería rival.

Emerson vio algo muy peligroso en el delantero madridista. Voló tras él, porque vio el tercer gol en sus ojos.

Y justo cuando Jovic estaba a punto de traspasar la línea del área, Emerson le trabó desde atrás.

El 18 madridista tropezó, trastabilló y cayó contra el césped.

Un pitido se escuchó entonces. Indignados observamos al colegiado: ¿¡fuera de juego?! ¿¡Fuera de juego?! Ramos repitió esas mismas palabras, furioso, y los jugadores se arremolinaron alrededor.

Bengoetxea dudó.

Luego detuvo el juego. Todo quedaba en manos del VAR.

Esperamos, en tensión absoluta. El colegiado recibió un aviso por el pinganillo. Cuando los exhaltados comentaristas nos lo transmitieron, todos nos incorporamos de nuestros asientos.

¡¡Posible penalti de Emerson a Jovic!! La jugada era difícil de traducir, ya que el momento justo de la traba quedaba fuera de nuestro alcance visual, pero en la salita de los monitores todo se estaba revisando, y todo podía ocurrir.

Y por fin, llegó la resolución.

El árbitro se giró hacia Emerson y levantó la mano, en la que relucía la tarjeta roja.

El Villamarín se caía. Las gradas resonaban con las protestas del Betis, que se desgañitaba; los blancos permanecíamos en respetuoso silencio. Era lógica la expulsión, ya que había sido, como coloquialmente se dice, falta profesional; además el jugador verdiblanco ya tenía una amarilla a sus espaldas. Pero no cesó la polémica; y el colegiado señaló falta en el borde del área.

Ramos se dirigió al lugar del desaguisado, la mirada clavada en Joel. Y clavada fue la parábola que describió su balón, en el que mil ojos se clavaron…

…y que terminó chocando contra el exterior de la red.

-¡¡¡UUUUUUUUYYY!!!- salió de todos nosotros, absolutamente histéricos; se veía el perfil del tercer tanto, y aún más fuerte exhalamos cuando en el minuto 70, muy poco después, Karim estuvo a punto de marcar a pase de Valverde.

Momento de cambios, entonces. Se retiraría un silencioso Jovic, al que solo habíamos visto actuar en la jugada de la expulsión de Emerson, y entraría por última vez con la camiseta madridista (aunque aún no lo sabíamos), Borja Mayoral. Por parte del Betis, Fekir dejó via libre a Loren Morón.

Y el joven Borja se despidió a lo grande.

Todo empezó en el minuto 75. William Carvalho apareció al frente de la portería de Courtois y sacó de su chistera un tiro con efecto. Perdimos varios latidos en aquel agónico segundo, porque parecía el tercer gol del Betis, cantado; pero volvió Thibaut, en un salto temible, para alejar el mortal esférico de nuestra red.

En mitad de los aplausos, el Real Madrid arrancó, espoleado por la salvación belga; de pronto estaba Mayoral en plena área pequeña, a punto de rematar…

…y remató, de hecho; pero Marc Bartra, un viejo conocido, se interpuso; cayó delante de Mayoral y del balón, que rebotó en su cuerpo. El 16 madridista se trabó con ambos, y salvaje continuó la jugada, hasta un encontronazo bestial entre Carvajal y Tello en la que se detuvo el juego.

Dani, en el suelo, se quejaba; los chavales madridistas y del Betis se arremolinaron alrededor del colegiado, que levantó la mano y pidió silencio. Y finalmente hizo la señal del VAR.

Parpadeamos. Todos pensamos por unos segundos que iba a ver de nuevo el choque entre los dos jugadores, pero cuando le pidieron explicaciones los demás muchachos, abrieron los ojos como platos. Y no tardó en llegar la información a los anodadados comentaristas, y de ellos a nosotros.

Bengoetxea quería revisar la jugada entre Mayoral y Bartra. Porque había posibilidad de mano. Y posibilidad de penalti.

Pálidos quedamos todos, afición, jugadores y demás asistentes al juego. Los del Betis prorrumpieron en una oleada de protestas, y los madridistas quedamos quietos, silenciosos. La jugada se repitió en pantalla, y efectivamente: pudimos contemplar que el balón golpeado por Borja, rebotaba en el brazo del ex culé.

Fueron segundos de angustia para todos, hasta que por fin, el colegiado dibujó el cuadrado con los dedos y señaló al centro.

Penalti a favor del Real Madrid.

La furia del Betis no conocía límites. Serenamente Ramos sujetó el cuero bajo el brazo y se encaminó al punto de la pena máxima. Joel se frotó los guantes, nervioso; pero Sergio era Sergio.

El silbido cortó el aire. Ramos avanzó a ligeras zancadas, frenó de golpe, y a lo panenka voló el balón hacia la portería del Betis, que acogió entre sus redes el esférico.

-¡¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOOLLLLL!!!!!- cantamos los del Madrid con una pequeña sonrisa, pero al mismo tiempo con un ligero escalofrío al ver las oscurísimas miradas de los sevillanos.

El balón salió del centro del campo, mientras la polémica sobrevolaba el campo y se iba volando cual mariposa de cizaña hacia todos los comentaristas y periodistas deportivos. Polémica que no debería haber, ya que fue un penalti claro y conciso. Mano en el área, es mano en el área; por mucho que pudieran retorcer las cosas la prensa deportiva.

El Madrid había remontado, pero el juego aún no había culminado, y hervía la tensión en el aire enrarecido.

Para colmo, el colegiado había mostrado la amarilla a Canales, que seguía bufando improperios hacia los chavales blancos y su ventaja arbitral. Y no solo eso: en el minuto 84, una avanzadilla formada por Benzemá, Isco y Valverde estuvo a punto de conseguir el cuarto tanto. Empezó la jugada en el el francés, con elegantísima potencia entregó a Valverde, y éste culminó con un apurado centro a la cocina que Isco empujó a la red…

…pero se interpondría una vez más la desesperada mano de Joel, estirado al máximo, y el cuero se desvió del gol cantado. Fue tan sorprendente que nos quedamos sin habla unos instantes.

Karim nos deleitaría con otra filigrana en el 87; estaba claro que buscaban ese último gol de la tranquilidad, y alucinamos con su control del esférico, a espaldas de Joel, y cómo estuvo a punto de rematar. Aquí no sería el portero del Betis, sino el colegiado, el que detendría la jugada por fuera de juego.

Tras cumplirse el minuto 90, sonreímos porque parecía que el partido estabaa punto de culminar. Cual sería nuestra desagradable sorpresa al adivinar un número 8 en el cartelón del tiempo añadido.

-¿¿En SERIO??- rugimos, y la cosa es que en el Betis no estaban muy conformes. Fuera por aquello o por el resquemor de alguna jugada, el caso es que Mendi se llevó otra amarilla por quejarse, igual que su colega Canales.

A estas alturas, el cansancio hacía mella en todos, y se notaba; las carreras habían dejado paso al trote y a lo paseos, tratando de recuperar oxígeno y fuerzas. El Real Madrid había tomado el control con tranquilidad, la parejita de Alarcón y Modric se movían como pez en el agua por el centro del campo, como en viejos tiempos. Y Varane seguía cortando limpiamente cada jugada bética, como en el minuto 96, donde desbarató un centro aéreo de Loren hacia Canales.

Los últimos intentos se sucedieron. Valverde llegó a meterse en el área pequeña con el esférico; algo que no habíamos visto hasta entonces en el tímido uruguayo, y Benzemá lanzaría la salva de reserva, un cañonazo a bote pronto que se fue rozando la portería sevillana. Joel seguía blanco cuando el colegiado silbó tres veces… y acabó el partido.

Nos fuimos con satisfacción interna. Por fin, tres puntos; trabajados además contra un rival bastante crudo cuando se lo proponía. Los chicos habían dejado destellos de magia blanca; se notaba que poco a poco volveríamos a nuestro nivel, el que el coronavirus y otros factores nos habían arrebatado. Sí, habría quejas: ahí estaba la plantilla del Betis detrás de Bengoetxea; allí estaba Puyol lanzando indirectas desde Twitter. Pero el VAR era el VAR, y solo había mostrado la verdad.

Continuamos este camino, paso a paso. Se aproxima el Clásico en la lontananza y no podemos bajar la guardia. Completa confianza, muchachos.

Siempre contigo, Madrid.


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Historias de la Liga |2020-2021| Real Sociedad 0 Real Madrid 0: en mitad de la tormenta.


En 2020, en el último día de un dorado verano, un escudo y un sueño.

Los madridistas echábamos la vista atrás y fruncíamos el ceño. Hacía un año y poco más, la Liga había dado comienzo en Agosto, como habitualmente sucedía en nuestro país. Pero se había quedado tan, tan lejano aquella victoria contra el Celta, que parecía que hubiera pasado una década. Nadie podría habernos advertido, en nuestra alegría celebrando los goles de Kroos, Lucas Vázquez y Benzemá, que al año siguiente íbamos a estar en el ojo de un huracán de imprevistos. En mitad de una pandemia mundial; sin estadio, sin público, sin goles, y aunque parezca mentira, sin delanteros.

Caos. Y en mitad del caos, debemos salir a flote. Pase lo que pase en este mundo que parece haberse vuelto del revés, somos el Real Madrid. El mejor equipo del mundo. Y volveremos a brillar. El planeta entero, volverá a brillar. Como brilló Courtouis en esa parada, con la última luz del dorado verano, para darnos esa energía y estrenar una temporada que será a buen seguro asombrosa, especial y memorable.

FECHA Y HORA: 20-9-2020 / 21:00 h.

ESTADIO: Reale Arena.

ALINEACIONES:

CRÓNICA:

Sillas vacías, silencio.

Los chicos blancos salieron al campo. Nosotros, desde casa, veíamos un estadio a rebosar de gente artificial. Pero ellos veían la verdad: sillas vacías. No había banderas ni pancartas, ni brillos de ilusión, ni cánticos, ni voces al unísono. Nadie allí les defendería a gritos si les derribaban. Nadie celebraría con emoción sus goles. Se activaría la megafonía del Reale Arena (antes Anoeta) en breve, pero era un sonido repetitivo, carente de pasión. Los que sí gritaríamos, lo haríamos desde casa; ojalá les llegase el sonido.

Intranquilos, los muchachos se colocaron en círculo. Un minuto de silencio ensordecedor, por las víctimas del coronavirus. Maldito bicho, cada vez menos tiempo para decirte adiós por siempre.

Los nervios no les abandonaban, ni a ellos ni a nosotros, mientras se colocaban en sus puestos. En el mosaico de puntos blancos, pudimos ver un dibujo cuanto menos singular: 1-4-2-3-1. El centro del campo sujeto únicamente entre Toni Kroos y Luka Modric, una línea muy joven de delanteros formada por Vinicius, Rodrygo y Odegaard, y arriba solitario y de punta, Karim Benzemá.

El árbitro miró su reloj, dio tres silbidos…

Y empezó el partido.

En el mismo minuto 1, Benzemá se lanzó al ataque. Fue el protagonista de la primera andadura por el área vasca, la primera advertencia. La Real quedó sorprendida, y durante los siguientes instantes, ambos equipos trataron de tener la posesión a su favor. De nuestro lado, Vinícius parecía que tenía las ganas más poderosas; no paraba de subir y bajar, activo en el juego, participando al máximo en cada jugada.

En el minuto 9, conseguimos la primera falta a favor. Fue Toni Kroos quien la puso en el aire, con maestría; también fue suyo el balón que llegó a la delantera blanca tras el córner del minuto 15. En ninguno de los casos llegó una testa potente, un zurdazo o derechazo que pusiera en peligro la red de los txuri urdines.

Y en el minuto 24, tras otro córner de los chicos blancos que acabó en falta de Sergio Ramos, empezó la tensión entre ambos rivales. La virulencia de una entrada de Barrenetxea a Carvajal, le valió una tarjeta amarilla al equipo vasco, y una salva de abucheos que de no quedarse en casa, habrían retumbado por el estadio.

El Real Madrid contraatacó en una jugada con Vinicius como protagonista: un etéreo centro directo a Benzemá, que estuvo a milímetros de inaugurar el marcador; por muy poco pudo Elustondo enviar el cuero a córner.

De ahí llegarían dos córner seguidos. Por el momento nos estábamos percatando de dos cosas: una, que Ferland Mendy estaba haciendo un muy buen trabajo por la banda, tanto defendiendo como colaborando en ataque; y dos, que ninguno de los saques de esquina llegó a buen puerto, lo cual nos provocó cierta punzada preocupante.

¿Qué ocurría con los rematadores?

La Real aprovechó para contraatacar. Fue angustioso ver la rapidísima organización y salida de los vascos, en concreto de Portu, que casi volaba hacia Courtois, pero Mendy volvió a sorprendernos; sin dar tiempo a mucho más, alcanzó en velocidad al oriundo murciano y lo derribó antes de que cometiera estragos. Le valió la tarjeta amarilla, primera para los madridistas, pero nos salvó de un apuro.

En el minuto 32, los blancos tuvimos una nueva ocasión. Aihen agarró de malos modos a Rodrygo en su avanzada, y el árbitro señaló falta y tarjeta para el txuri urdin.

Kroos se preparó para botarla arriba, acompañado de Odegaard, y ejecutó un lanzamiento perfecto… que tampoco pudo rematar la delantera, y los vascos montaron la contra. Gracias a una implicación sublime de Varane, otro de los que estaban brillando en el partido, Courtois permaneció protegido en su área.

Y llegaría por supuesto, la jugada de la polémica.

Minuto 36. Revoloteo madridista en el área de la Real. El balón le llegó a Sergio Ramos, que lanzó un potentísimo chut a la portería de Remiro… pero se le cruzó Aihen con todo el cuerpo. La pelota rebotó en su brazo… en plena área pequeña.

-¡¡¡PENALTIIIII!!!- se escuchó desde los hogares madridistas y también en el propio Reale Arena, un Ramos furioso que se encaminaba a zancadas hacia el árbitro-. ¡¡PENALTI Y EXPULSIÓN!!

Recordemos que Aihen llevaba en sus hombros una primera tarjeta, y la discusión se prolongaría varios segundos más. Pero el colegiado Martínez Munuera señaló que la falta no existía, al haber un previo contacto en el cuerpo de Aihen antes de rebotar en el brazo. Extraña decisión, y los blancos volvieron a sus puestos aún indignados.

Comenzaría entonces la revolución francesa. Primero Benzemá, con un tiro que arañó el poste de la red vasca; luego Mendy, que probó suerte desde fuera del área y estuvo a punto de marcar un golazo; y de nuevo Karim, frente a frente con Remiro, armó la pierna ante el balón… y se resbaló.

El francés se lamentó en el césped; aún se hacía silenciosos reproches mientras se incorporaba.

¿Qué le pasaba a la delantera?

Y entonces, después de un saque de esquina a favor de la Real que terminó inofensivamente, llegó la que sería la jugada mágica del partido.

Fue todo tan rápido que no dio tiempo siquiera a respirar. En tres toques contados, la Real Sociedad se escurrió del medio centro y la defensa madridista, y de pronto Isak se plantó ante la portería de Courtois, con el gol en las botas. Solo tenía que darle el toque final, y se lo dio, directo a la esquina derecha de la portería blanca.

Era imposible pararla.

Pero el Madrid suele hacer posible lo imposible.

Y Courtois, mirada severa ante Isak, giró la cabeza, y estiró en un segundo su larguísima pierna izquierda, nervios de acero, imparable. El tiempo se detuvo por unos instantes en una imagen para el recuerdo, en su salto límpido. Su bota chocó contra el esférico con una fuerza sublime, y la ocasión de gol quedó completamente desbaratada.

-¡¡¡¡¡THIBAUT!!!!!- chillaron sus compañeros, y chillamos nosotros, y chillaría los txuri urdines, todos con las manos en la cabeza, porque nadie se imaginaba aquello. El brillante portero, completamente tranquilo, puso una rodilla en tierra y se incorporó, dando instrucciones a la exhaltada defensa, que ya sacaban el balón del peligro.

Como si no hubiera hecho nada de particular.

Y siguió igual de pacífico cuando segundos después, el árbitro envió a todos al descanso. Su jugada fue la más comentada y celebrada durante los quince minutos, pero también se habló, con creciente inquietud, del poco remate que tenía la nueva delantera madridista. Faltaba algo, faltaba fuerza, hambre de gol.

-Esperemos que esto cambie en la segunda parte…

Y dicho segundo tiempo, empezaría con un enorme sobresalto: un casi gol de Barrenetxea a pase de Oyarzabal, que se fue fuera por milímetros. La Real no estaba para bromas. Con el corazón encogido, rugimos tras la falta del anterior rematador, que derribó a Varane con rabia. El defensa francés tardó en recuperarse, cojeando ligeramente del tobillo, y la preocupación creció.

Llegó el turno del Madrid. Tanto Benzemá, como Vinicius y Carvajal trataron de rematar hacia la portería de Remiro, pero ninguna jugada blanca terminaba de forma satisfactoria.

-¿Pero qué ocurre…?- nos lamentábamos, mientras Benzemá daba un patada de frustración al suelo, tras su lanzamiento en el minuto 61: esta vez Remiro había deleitado a los seguidores vascos con una parada in extremis.

La Real Sociedad realizó entonces su primera sustitución: salió el casi goleador Isak, y entró ni más ni menos que David Silva, que debutaba con la camiseta blanquiazul.

Y Zidane decidió hacer variaciones en el minuto 69, tras una serie de intentos hacia la portería vasca (entre otras un bellísimo tiro con efecto de Toni Kroos), que no fraguaron en buenas noticias para nuestro marcador. Concretamente, nuestro entrenador agotó todos los cambios disponibles… de una forma que nos dejó fríos.

Luka Modric salió el primero, agotado; le seguían Odegaard y Rodrygo, algo cabizbajos tras la sequía de goles. Entró Casemiro en lugar del croata, para defender el centro del campo, y tras él, Fede Valverde… y Marvin Olawale.

Nos miramos, perplejos.

Muchos ni lo conocían. Algunos habíamos vistos su nombre en la lista de convocados. Otros le habían visto en el Castilla. Pero lo que teníamos seguro era una cosa: no era el momento para que debutase en el primer equipo. Estábamos a empate contra la Real Sociedad, necesitábamos el gol como fuera, y en la grada estaban sentados jugadores como Luka Jovic o Mayoral. Semanas y semanas sin pisar el campo.

No entendíamos nada.

El prota de la siguiente jugada fue de nuevo Kroos, otro tiro con cierta desesperación que no entró por poco en la red. Y la Real Sociedad aprovechó para realizar sus dos últimas sustituciones: se retiraron Barrenetxea y Oyarzábal, y se colocaron en sus puestos Bautista y Januzaj. Tanto la Real como el Real habían agotado el cupo de cambios: solo quedaban menos de 20 minutos para que finalizara el encuentro, y ninguno se decidía a marcar.

Los chicos blancos intentaban ataques cada vez más seguidos, con Vinicius y Mendy sobresaliendo entre los que más rondaban el gol, pero la fatiga cada vez mermaba más las fuerzas de ambos equipos. Carvajal falló estrepitosamente al tratar de arrebatarle el esférico a Merino; la entrada le valió la tarjeta amarilla, y el 15 la recibió en silencio, pálido.

Aún podían verse las secuelas del maldito virus, del maldito parón.

El siguiente caído fue Rafael Varane, que recibió un disparo fortísimo de Silva. Varane se dobló y cayó al suelo, y tuvieron que entrar los asistentes médicos. Afortunadamente pudo recuperarse, aunque tardó unos cuantos minutos.

Los últimos cambios se produjeron entonces, esos sorprendentes cuartos cambios a los que aún cuesta acostumbrarse: completamente exhausto salía Vinicius, mascullando para sí, ofendido por la falta de gol; mientras Arribas se colocaba en el campo, con la mirada del novato. ¿Otro debutante? ¿Con ese resultado en el marcador? Nos miramos, incrédulos.

Marvin, irónicamente, sería el protagonista de la última jugada del partido, consiguiendo un córner a favor de los muchachos madridistas. Nos arrellanamos en los asientos, nerviosos: podía ser gol, podían ser tres puntos. Estábamos acostumbrados a los tantos in extremis…

…pero cual fue nuestra desagradable sorpresa al ver un saque pobrísimo en corto desde la esquina, en vez de las parábolas a las que nos tenían acostumbrados Kroos o Modric; un balón que acabó en las botas de Carvajal, que realizó el último intento. El esférico voló al área…

…y despejó la defensa de la Real Sociedad.

-¡¡Noo!!- salió de todas las gargantas madridistas, viendo como la oportunidad se desvanecía como espuma. El colegiado pitó entonces el final, y observamos atónitos cómo Zidane, completamente tranquilo, saludaba a los técnicos txuri urdines, mientras los chavales blancos se marchaban con muchísima frustración al túnel de vestuarios.

¿Qué había pasado?

Y de pronto sentimos un curioso dolor. De pronto nos dimos cuenta de que ni Cris ni Gareth estaban en el campo. Y la añoranza fue terrible.

Benzemá estaba solo, tan solo en la punta; el gol no quería entrar, porque la delantera estaba carente de magia. No era todo culpa de los jóvenes, desde luego, pero aunque ellos lo intentasen, había un enorme hueco allí arriba. Faltaba experiencia, faltaba rabia, faltaban ganas, faltaba nervio e imaginación. Precisamente eso, «intentar». No hay que intentar, hay que HACER.

Es nuestro deber solventarlo, salir de este torbellino que gira en caos alrededor, que no nos ciegue el polvo. En mi opinión, los chavales deben crecer y ganar experiencia. Y nada mejor para ellos que un modelo a seguir. Como en la Roja; la juventud junto a la conocimiento añejo, avanzando juntos. Faltan figuras «paternas» en la delantera.

Zizou, escúchalos y escúchales. Recapacita. Recuerda el dorsal 7, el 11. Todavía hay esperanza de una vuelta a casa.

Quiéreles, Zidane. Y volveremos a brillar.

Y gracias, Thibaut. Gracias por tu milagro, gracias por tu punto. Te veo por fin, uno más de los muchachos blancos. Vas a hacernos soñar seguro.

Confiamos en los jóvenes. Confiamos en los sabios.

Siempre contigo, Madrid.

©Créditos de las imágenes: Diario As (as.com), Real Madrid website (realmadrid.com), Diario Marca (marca.com), Diario El Mundo (elmundo.es)


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El príncipe blanco


Mientras escribo esto, suena «This is the Last Time», del grupo Keane. 

Dios mío, Gareth, cómo duele. 

Esta es tu canción. 

Es la primera canción que escuché tras la increíble, grandiosa, bellísima, final de Copa del Rey en 2014. 

Eran más de las tres de la mañana cuando nos fuimos a acostar, todos vibrando aún, resplandecientes, con dolor de garganta tras los gritos que pegamos. 

Yo no podía dormirme, vestida de arriba abajo con la equipación completa del Real Madrid, con el balón al lado. No era capaz de pegar ojo, así que me puse música. Y la primera canción que sonó fue esa. This is the Last Time.

Era la última vez que no creería en milagros. La última vez que tendría miedo en un derbi contra el Barça.

La jugada se repetía una y otra vez en mi mente: pase de Coentrao por la banda izquierda, tu control, tu autopase, Marc Bartra luchando desesperado por pararte, el empujón que te envió fuera pero no dejastes de correr, no dejastes de correr Gareth (¡paradle, paradle!- gritaba el Tata Martino); alcanzaste el cuero y se lo colastes con un túnel mágico a Pinto. 

El abrazo que te dio Luka Modric, la celebración, la energía que distes a todos, se quedó guardada en nuestros corazones para siempre.

Y fue la que semanas después, ayudó a conquistar la ansiada Décima, donde también nos distes el precioso tanto del 2 a 1.

O la chilena de la decimotercera Champions. 

Y goles, más de 100, a cada cual más fabuloso. 

Gareth, qué grandeza.

Y así, tantas y tantas, jugadas de ensueño, la bella zurda, el corazoncito en las manos, fuiste tejiendo tu capa de leyenda, la del príncipe de Gales. Todos te querían.  

Llegaste el 2 de septiembre de 2013. Mesut Özil, mi jugador por excelencia, acababa de decir adiós, y recuerdo ver tu presentación con enfado. Pensaba que todo era culpa tuya, que manera más ridícula de pensar. Y recuerdo que se me suavizó el humor, porque vi en ti humildad y sinceridad, cariño hacia el Real Madrid, y ganas de superarte y ayudar.

Cuando marcaste el primer gol contra el Villarreal, todo eso se confirmó. Ese gol en plancha, haciendo el 1 a 1, con asistencia de Carvajal.

Querías al club con pureza, se vio reflejado en tu alegría. No había aires ni orgullo, aunque bien podrías haberlo tenido. Eras callado pero enérgico, tímido pero un príncipe de pies a cabeza. Luka Modric lo sabía, lo sabía. Siempre a tu lado, desde el principio «mira detrás de ti, Luka»…

…hasta el final, en las cenas de Navidad, en las celebraciones, en las fotos de equipo, en los momentos fríos donde el Bernabéu te llegó a silbar. Tú el 11, él se pasó al 10.

¿Y qué decir de la BBC? Benzemá revulsivo en el centro, y Cristiano y tú, los caballeros que le franqueaban. Generoso en asistencias con ambos, agradecido cuando te asistían.

 

Todo era perfecto.

Y ahora de pronto, alguien te repele, te evita y te aparta en la grada de una forma humillante. 

Como si todo lo que has hecho no siga brillando con luz propia, en la pared de la historia del club. Como si hubieras sido el culpable de la crisis madridista, cuando la culpa la tuvimos todos. 

Y lo que causa más dolor y sorpresa, es que el que quiere echarte es Zizou. 

Zidane, el hombre que rescató al Real Madrid. El hombre de los títulos. 

No puedo entenderlo y asusta. 
Pero lo que tengo claro, por angustioso que parezca, es que no tiene razón. No la tiene. Y lo que te está haciendo es feo, desagradable, horrible. Sé lo que significa que te echen, pero sé que no hay que rendirse. 

Y hay algo que hace que sienta esperanza, y es tu comportamiento. 

No has abierto la boca, has seguido aquí. Y sigues aquí. Porque a pesar de que la gente te manda mensajes de despedida, sigues en el club. Has decidido no irte del todo por el momento, y no te importa el dinero, ni el odio: solo te importa el fútbol. 

Una cesión de un año es lo mejor que podías hacer, aunque durante ese tiempo se te eche terriblemente de menos (y más viendo las carencias que muestra, por el momento, nuestra delantera). Podrás jugar libremente en tu antigua casa, estarás con un entrenador absolutamente genial, mi Jose Mourinho, y demostrarás que mereces más que ninguno ese puesto en el equipo blanco. 

No sé que ocurrirá en el Real Madrid. No sé si habrá cambio de técnico. No sé si habrá nuevos fichajes, si los jóvenes se adaptarán. 

Pero sé que te necesitamos. Y por alguna razón, algo me dice claramente que el 30 de junio, volverás. Porque amas al Real Madrid, y el Real Madrid te ama a ti, Gareth Bale. Digan lo que digan. Todos han celebrado tus victorias y tus goles, todos sin excepción.

No digo adiós. Digo hasta pronto, y millones de gracias por todo lo que ha hecho, y por todo lo que harás en un futuro no muy lejano en esta, tu casa. 

Siempre contigo,

Una madridista que lleva tu dorsal y juega en tu banda.


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17 cumplirás… Liga de Naciones UEFA 2020-2021: España 4-Ucrania 0.


Esta vez, jugamos en casa.

Hacía un tiempo ligeramente más cálido que la otra vez. El otoño se hacía notar. Ambas selecciones pisaron la hierba del Di Stefano; entre todos los chavales, uno era la atención de cada mirada rojiamarilla. Se trataba, sí, del jovencísimo Ansu Fati: solo 17 veranos , y ya era titular en la Absoluta. Había ganas de ver cómo se portaba aquel día.

En el caso de los madridistas, era nuestra «nueva casa». Valdebebas, la bella Ciudad Deportiva blanca; y en concreto el estadio Alfredo Di Stefano, que hacía las veces de acogedor campo, mientras el Nuevo Bernabéu brotaba en la Castellana.

No tardaron en resonar por el estadio vacío ambos himnos (¡qué difícil acostumbrarse a todas las silla vacías!)…

…y por fin, se colocaron los muchachos, el árbitro dio tres silbidos…

Y empezó el partido.

¡¡Y qué manera de empezar, señores!! Minuto 1; arrancada de la Roja, Ansu aparece de pronto en el área ucraniana, Kryvstov le intenta detener a la desesperada, el joven rueda por el césped y…silbido claro y conciso en el aire de Madrid. PENALTI A FAVOR.

Nos miramos, aún flipando. Hubo quejas por parte de la zaga ucraniana, pero Ramos ya se encaminaba, seguro y orgulloso, hacia el lugar que últimamente le reclamaba en cada pena máxima: el punto de penalti.

Y al son de la indicación del árbitro, el sevillano cogió impulso y lanzó el balón con aire flamenco, al interior de la meta de Pyatov, que solo pudo rozarla con la punta de los dedos.

-¡¡¡¡GOOOOOOOOOLLLL!!!!- cantó España entre vítores, los chavales se congratulaban y sua voces resonaban por toda Valdebebas. Tan pronto, que auguraba un partido prometedor.

El querido capitán, Sergio Ramos, volvió a su puesto con una gran sonrisa y 22 goles recién cumplidos vistiendo la elástica rojiamarilla. Se acababa de convertir en el noveno de la lista de máximos goleadores, junto a Salinas; y era el defensa con más tantos a sus espaldas, compartiendo puesto con Pasarella. La leyenda continúa.

España comenzó a atacar entonces con muchas ganas. Primero un tiro de Sergio Reguilón, el joven que aún era madridista en aquellos momentos; luego Ansu Fati, que estaba en todas partes, se multiplicaba y tenía aturdida a la zaga ucraniana. Era cuestión de minutos que llegara el segundo tanto.

Y ocurrió, de la forma más exhorbitante.

Era el minuto 26. La Roja estaba de nuevo rondando la portería de Pyatov. El cuero llegó a Ansu Fati, y el chaval hizo lo primero que se le pasó por la cabeza: con la rapidez de una gacela, se elevó en el aire y ejecutó una preciosa chilena que nos levantó a todos…

…y que estampó contra las espalda de Matviyenko.

-¡¡¡UUUUUUUUYYYY!!!- rugimos, y Ansu resopló con frustración, mientras los jugadores se recolocaban. No iba a rendirse, tampoco el resto de chavales, que volvieron a acosar el área. Ya subía Daniel Olmos, controlando el esférico, buscando a sus compañeros; y Sergio Ramos voló, de cabeza a superar los récords anteriores, directo al testarazo.

Su toque maestro se convirtió en una curiosa vaselina que se coló por detrás del impotente Pyatov.

-¡¡¡GOOOOOOOOOOOOL!!!- volvimos a rugir, iluminando desde casa el bello Alfredo Di Stefano. Lo dicho: olía a goles, a magia roja.

Lo que no podíamos imaginarnos, era lo que ocurriría tres minutos después.

Saque de banda a favor de Ucrania. La presión de España hace trastabillar a los de Shevchenko, tratan de meter un pase interior, pero Parejo sale al paso brillante, llevándose el balón consigo y entregando hacia Ansu Fati.

El joven avanzó con el balón entre las botas, avanzando por la banda izquierda hasta el borde del área. Estaba cercado por la defensa ucraniana, y nadie esperaba el latigazo, tan potente que cayó hacia atrás, tan enérgico que removió el aire, tan imparable que el brinco de Pyatov llegó tarde.

Nos quedamos congelados un segundo…

…y después…

-¡¡¡GOOOOOOLAZOOOOOOOOO!!!- chillamos, alucinados-. ¡¡¡ANSUUU!!!

El número 17, de 17 años, corrió como un poseso hacia la cámara y le dedicó el tanto a su hermana, mientras el resto de sus compañeros volaban hacia él. En aquel preciso instante, Ansu Fati acababa de dejar atrás una antigua plusmarca (era un día de batir récords, estaba claro): la del goleador más joven de la historia de la Roja, cuyo honor había correspondido desde 1921 a un joven de 18 años llamado Juan Errazquín.

Aún flipando por el tanto, los equipos se volvieron a colocar en sus puestos, una Ucrania muy aturdida por el momento, pero que se rehizo poco después, tras la primer amarilla para los rojiamarillos (en concreto para Rodrigo). Mikhaylichenko nos dio un ligero sobresalto con un disparo a puerta, pero De Gea consiguió blocarlo sin problema.

La última acción de la primera parte la tendría Thiago en sus botas: un latigazo que desgraciadamente se fue por encima de la red de Ucrania. Y con tres pitidos, nos fuimos a un descanso donde no dejamos de comentar el doblete de Ramos y el tanto de Ansu Fati. Dos generaciones separadas exactamente por 17 años: el capitán doblaba la edad al niño, pero dos tenían ese mismo fuego goleador en su interior, el que necesitaba la Roja para arrasar en el mundo.

Al inicio de la segunda parte, España siguió dominando con creces, Ansu Fati en cabeza. Empezaron los cambios: en el minuto 56, Marlos por Tsygankov refrescando el dibujo ucraniano, y en el minuto 61, la joven perla Eric García, de 19 años y procedente del Manchester City, sustituía a Sergio Ramos, que debía estar fresco para el inicio en Liga con el Real Madrid. Los aplausos fueron sonoros para el maestro del doblete, para el defensa más goleador en toda la historia de La Roja.

Dos acciones de España llegaron después, en claro intento de lograr el cuarto tanto: un maravilloso tiro con rosca de Dani Olmo, que sacó Pyatov en una estirada milagrosa, y un gol anulado de Gerard Moreno que trajo polémica, por un dudoso fuera de juego.

Y continuaron los cambios: en Ucrania entró Sydorchuk por Kharatyn, y por parte de los españoles Óscar Rodríguez sustituyó a Rodri. Y el chaval ex madridista y actual sevillista entró con muchísimas ganas, tales que en el minuto 77, después del último cambio de los rojos (Gerard Moreno fuera, Ferrán Torres dentro), culminó un bello disparo hacia Pyatov, imparable…

…que se topó con el larguero.

No podíamos creer que se estuviera resistiendo el siguiente gol, y Ucrania estaba cada vez más nerviosa. Prueba de ello la tarjeta amarilla consiguiente a Óscar Malinovskyi, que no dudó en detener una acción de Ferrán Torres con un puntapié. El chico, nublado por el dolor y la rabia, se levantó aún cojeando y fijó la vista en la portería. Lo iba a devolver, pero de forma elegante.

Y efectivamente, dicho y hecho.

Ucrania había realizado la última sustitución: Yarmolenko por Kovalenko. Corría el minuto 83. Ya era noche cerrada, las luces de Madrid y su aeropuerto parpadeaban alrededor de Valdebebas. España se encontraba atacando en el área rival; la zaga amarilla quería sacar el balón, pero se cruzó Mikel Merino, que la dejó para Ansu Fati. El joven caracoleó entre seis jugadores ucranianos que le azuzaban, y casi desesperadamente envió hacia atrás para Thiago Alcántara. El del Liverpool, trastabillando, hizo un pase rápido al 22, Jesús Navas, que sin pensarlo disparó hacia la banda izquierda.

El cuero voló hacia la mismísima cocina, rebotó en una testa defensora, y cambió su rumbo… directamente a encontrarse con Ferrán, que directamente levantó la bota y remató hasta el fondo de la portería.

-¡¡¡¡GOOOOOOOOOLLL!!!!- cuarto cántico elevándose del Alfredo Di Stefano hacia la noche madrileña.

Y aquel sería el último récord de la noche: la mayor goleada sufrida por Ucrania junto con el 4-0 que recibieron en el Mundial 2006… también por parte de la Roja.

La última acción del encuentro fue peliaguda. Ambos equipos trataban de recobrar la posesión en la mitad del campo. Reguilón interceptó un pase de Ucrania, y trató de llevarse el esférico con Kovalenko pisándole los talones…literalmente hablando. Iban tan juntos, que la rodilla del ucraniano trabó la pierna de Sergio, que dio un traspiés y se torció el tobillo izquierdo de forma aparatosa.

El exmadridista se derrumbó al momento, con un chillido que nos heló a todos. No había megafonía de público que ocultase el dolor del chico, que fue rodeado por médicos y compañeros. Kovalenko, cabizbajo, recibió una tarjeta amarilla, y finalmente el 21 de la selección salió del campo cojeando ostensiblemente.

No hubo tiempo para mucho más después del episodio. El árbitro finalizó el encuentro, y todos se saludaron cordialmente, aún en el aire la creciente preocupación por la lesión de Reguilón.

Días después, nos enteraríamos de que era una esguince, afortunadamente no muy grave; y que finalmente, el chico dejaría el Real Madrid para fichar por el Tottenham. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Por el momento, nos quedamos con la imagen de una nueva Roja, llena de leyendas y nuevas perlas como Ansu Fati. «17 cumplirás, y algo en ti sientes que va a empezar…» qué razón tiene Julie Andrews. Creceremos con vosotros y celebraremos con vosotros. Y por el momento, somos líderes de grupo en esta Liga de Naciones.

¡¡VAMOS ESPAÑA!!


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Y de pronto, ¡milagro! Liga de Naciones UEFA 2020-2021: Alemania 1-España 1.


-¡¡Hombre, Antonio!!

El grito alegre de Ramos resonó por el estadio vacío del Sttugart. “Antonio… Antonio…” devolvieron los ecos, chocando contra las butacas vacías, como las miles de voces que debían estar jaleando aquella noche. La primera noche de la Liga de Naciones.

Antonio, que no era otro que nuestro querido Toni Kroos, se acercó con una sonrisa enorme. Llevaba el banderín teutón en la mano, orgulloso capitán. Hubo un par de choques de puños con los árbitros, muy tímidos, y por un milisegundo, ambos líderes de España y Alemania quedaron frente a frente. Pero la candidez de Ramos puede con el miedo a cualquier cosa, incluyendo el maldito virus, y abrazó con fuerza a Toni, desafiando a la pandemia y al mundo. Era su amigo y compañero, y era un gran comienzo.

Era una noche fresca, y dando pequeños saltos para entrar en calor, ambas selecciones se colocaron en sus puestos. El árbitro miró el reloj, dio tres pitidos…

Y empezó el partido.

Llamaron la atención varias cosas. Acostumbrados que estábamos ya, al público falso y el sonido continuo de vítores resonando por megafonía, creo que todos nos sorprendimos al escuchar los gritos. Gritos de “¡¡arriba!!; ¡¡Pasa arriba!! ¡¡Thiago, THIAGO!! ¡¡Va, va, va, va, hacia arriba!! ¡¡Pasa a Sergio!! ¡¡Eh, EEEEH!!! ¡¡MIRAMOS, MIRAMOS!!

Como si en un partido de entrenamiento nos halláramos, podíamos escuchar perfectamente a los muchachos y al entrenador. No había más ruido que el de sus voces en el aire frío y el golpe contundente del cuero contra las botas, THUND, que rodaba en aquellos primeros minutos bastante controlado por ambas selecciones.

Los primeros en atreverse con acercamientos, fueron los alemanes. De Gea tuvo que estirar todo su cuerpo para detener un peligrosísimo cabezazo de Kehrer en el minuto 10, y llegarían dos sustos más, uno del eterno joven Julian Draxler, y otro proporcionado por Sané, que no dejaba de volar por el campo español. Parecía que los teutones tenían más energía que nuestra selección, y estábamos preocupados.

Sin embargo, no debíamos preocuparnos, porque llegó la primera ocasión, la que desataría el juego de la Roja. Fue una falta a Ferrán Torres, golpeada con pericia por Fabián. Bellamente se elevó el balón, Pau Torres la rozó con un toque de testa, y Busquets aprovechó para atizarle un latigazo… que acabó en los brazos de Kevin Trapp por muy poco.

-¡¡UUUUUUYYYY!!- gritamos todos los rojiamarillos, desde nuestros hogares; debió llegar el grito hasta Alemania-. ¡¡Vamos España!!

Cada vez rodaba más rápido el cuero, cada vez se desentumecían más rápido aquellos músculos detenidos por el virus. Las dos gigantes, los teutones y los castellanos, probaban suerte. Se sucedían los disparos a puerta, de Ferrán, de Werner, de Thiago, pero la pelota se resistía a entrar. Pasaban los minutos y todo daba a entender que llegábamos al descanso sin goles en el marcador.

Se cumplió aquella profecía, y mientras los chicos entraban en el túnel de vestuarios, comentábamos los hechos. Curiosamente hasta ahora, el mejor jugador de la Roja había sido De Gea, cuya parada en el minuto 10 había sido solo una de tres grandes estiradas durante la primera parte. Mucho mérito de no ir por debajo en el marcador por el momento, era suyo.

Se reanudaría el juego por fin, 15 minutos después. Hacía más frío, y salía vaho de las mascarillas que portaban los muchachos de la grada, inquietos. Salieron los muchachos, y vimos un claro cambio en la Roja: había salido Navas, y Ansu Fati, el joven fichaje del Barça, se situaría en su lugar.

Y la cosa empezó regular para los rojos. Era solamente el minuto 51, cuando ocurrió el descontrol en defensa. Robin Gosens recibió un balonazo de la defensa alemana, y avanzó como un cohete por la banda izquierda; allí envió el esférico hacia Timo Werner, que recortó a todos los rojos agrupados ante De Gea y soltó un mandoble imparable… que se coló en nuestra red.

Fríos, observamos la celebración; en el vacío del Mercedes Benz Arena, los gritos de alegría de los teutones se multiplicaban por mil. Había sido un golpe bajo, debíamos contraatacar, pero los muchachos de la Deutsch Fussball-Bund tenían ahora nuevas fuerzas.

Un minuto después del gol, De Gea sacaba un córner espectacular de Toni Kroos, cuyo balón mortal había tomado un efecto peligrosísimo. Y Werner estuvo a punto de conseguir su segundo tanto en el 60 tras un contraataque fulminante con Sané. Teníamos el corazón encogido, y deseábamos de corazón que el reciente cambio de Luis Enrique, Mikel Merino en sustitución de Sergio Busquets, diera energía a la Roja. 

El juego se paró durante unos minutos. Sané se había hecho daño en la última jugada, y tuvo que retirarse finalmente del juego, cojeando. Matthias Ginter entró en su lugar. 

A partir de entonces ambos equipos atacaron por turnos, cada cual más afilado y peligroso. Trapp paró detuvo un balón que era un perfecto gol de Fabián a pase de Dani Carvajal; después sería De Gea quien volvería por tercera vez a volar, desviando un tiro de Emre Can. Thiago soltó un latigazo en el minuto 70 que se desvió a milímetros de la red alemana. Y Kroos lo devolvió sesenta segundos después, pero se encontró con De Gea, que aquella noche estaba magistral.

Los segundos volaban y estábamos cada vez más nerviosos. No convenía iniciar nuestra andadura con una derrota, en ningún caso. Los teutones, en calma, realizaron su primer cambio en el 74; se marchó İlkay Gungögan y Suar Serdar se colocó en su lugar. La Roja tuvo su última sustitución en el 80, tras un derribo a Ansu Fati no exento de polémica en plena área pequeña. Saldría Fabián, después de cuajar un buen partido en general, y el jovencísimo Óscar Rodríguez, de estirpe madridista y 22 añitos, tuvo la enorme ocasión de debutar en la selección Absoluta.

Los alemanes se habían blindado en defensa, y a pesar de que la Roja atacaba sin descanso, era una tarea ardua tratar de hacer rodar el balón por el área de Trapp, que se adelantaba a la mínima.

Werner se marchó del campo satisfecho, abriendo camino a Koch, que confiaba plenamente en celebrar la victoria en unos minutos. Sobre todo después de otro susto de Kroos en un córner, que había permitido a Rüdiger estar a milímetros de colocarnos el segundo tanto.

Pero la Roja no se rinde. 

No se rinde jamás.

Y estaba a punto de darnos una lección que nunca olvidaremos.

Entramos en el minuto 90.

Al límite de sus fuerzas, los chavales seguían peleando.

Minuto 91. Ansu Fati marcaba gol. Nos lanzamos a celebrarlo, pero segundos después el árbitro hizo ese gesto tan desagradable: gol anulado. Se debía a una anterior falta de Sergio Ramos, y nos llevamos las manos a la cabeza.

Minuto 94. Casi toda la Roja trataba de rematar frente al área alemana. El balón giraba de una bota a otra, en mitad de una revuelta en la que estuvo de nuevo a punto de gol, gracias a Ansu Fati. 

Y mientras el árbitro miraba el reloj, listo para finalizar el encuentro, el cuero salió una vez más desde la defensa española hacia el área teutona. 

Lo recibió Ferrán, que apuró hasta la línea de fondo y con un toque, lo envió al centro de la cocina, donde aguardaban seguros los defensas alemanes. Pero también estaba la delantera española, en concreto Rodrygo, que saltó altísimo para tratar de rematar el balón. Lo consiguió a duras penas, y entonces Gayá, que se encontraba delante, vio pasar la pelota delante de él, y no se lo pensó dos veces.

Segundos a cámara lenta, todos contuvimos la respiración. Luis Enrique y Joachim Löw, quedaron congelados, una imagen en el tiempo. Todos giramos la cabeza hacia el balón, al tiempo que giraba Gayá, con una floritura elegante y la pelota recogida en la zurda… y Trapp no pudo pararlo.

-¡¡¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOOLLLLLL!!!!!!- gritaron todos los hogares españoles, y gritaron los chavales en el Mercedes Benz Arena, y ellos nos oyeron y nosotros a ellos. La celebración fue espectacular. Nadie podía creer lo que veía, y el árbitro pitó entonces el final del partido.

Fue un pedazo de milagro, de los que no veíamos desde hacía mucho tiempo. Gayá se dirigió al túnel de vestuarios con la alegría del ganador, la que nos había dibujado a todos en tan malos tiempos; Toni Kroos y Ramos se saludaron, el primero aún sorprendido pero lleno de deportividad. «¡Adiós, Antonio!». Hasta Löw tenía un indicio de sonrisa, entre incrédula y simpática. 

Y así fue como la Roja inició su andadura en la Liga de Naciones de la UEFA, 2020-2021. ¿Qué nos deparará esta aventura? Quién sabe, pero confío, y seguro que confiamos todos, en que esta joven plantilla nos va a dar más de una sorpresa emocionante.

¡¡VAMOS ESPAÑA!!


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Preparados para la temporada


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¡Muy buenos días, amigos madridistas!

Iniciamos una temporada de fútbol bastante atípica por culpa del ser microscópico que está en boca de todo el mundo. Sí, hablamos del COVID-19.

Pero ni con esas se puede frenar la ilusión por el deporte de balón. Y aquí estamos, aficionados, jugadores y entrenadores, luchando porque la pelota no deje de rodar.

Tenemos excelentes competiciones a la vuelta de la esquina. El día 3 de septiembre, mañana, podremos disfrutar del primer partido de la Liga de Naciones de la UEFA, un prometedor España vs Alemania. La cita es a las 20:45 en la 1 (TVE).

Dedicaremos un post por partido de nuestra selección Española en este blog. ¡Estad atentos!

Respecto a nuestro Real Madrid, comenzaremos el día 20 de septiembre en Anoeta, enfrentándonos a la Real Sociedad a las 21:00 h. Supuestamente deberíamos haber comenzado la competición el fin de semana del 12/13 de septiembre contra el Getafe, pero la Liga de Naciones incluye a un buen número de madridistas convocados, por tanto ese partido queda aplazado para más adelante. No somos los únicos; también el Barça, el Atleti y el Sevilla deberán aplazar sus primeros partidos de Liga.

Por supuesto, por el momento todos nuestros partidos en casa continuarán jugándose en el estadio Di Stefano, aunque las obras en el Bernabéu avanzan con celeridad.

Seguiremos informando. Mientras tanto, trabajo, trabajo y más trabajo, como suele decir nuestro capitán, Sergio Ramos.

 

¡¡HALA MADRID!!


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Vuelta a casa


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Una servidora en el mejor estreno de la historia

Sí, amigos de este blog: he vuelto.

Vuelvo en uno de los tiempos más raros, convulsos y extraños que he vivido en mi vida. El más dramático y caótico. No solo por el coronavirus, que es más del 50% de la locura dramática que me rodea; es también por mi propia experiencia personal en estos últimos 3 años.

Están siendo 3 años de trabajo agotador, de momentos muy desagradables, de conocer gente pésima y maleducada, de no dormir. 3 años desde que empezaron los proyectos finales en mi escuela de animación; 3 años desde que empecé a estudiar  con toda mi ilusión en la escuela de cine, y resultó ser la peor escuela con los peores profesores. 3 años de fechas límite, de la creación de Ginger y compañía y la enorme responsabilidad de sacarles adelante. 3 años de no leer ni tener tiempo siquiera para hablar con grandes amigos. 3 años de derrumbarme en la cama todas las noches, con verdadera extenuación.

3 años en los que he tenido que dejar de lado cosas que me apasionaban. He descuidado el fútbol,  el deporte, el dibujo y la escritura por placer; no hay minuto libre que les pueda dedicar.

Y eso ha sido duro. Durísimo. Y sigue siendo duro.

Pero ha llegado un límite, en el que he decidido parar y coger aire.

Es necesario que salga de esta espiral y saque tiempo para lo que me apasiona, lo que me hace soñar. He leído entradas antiguas, y puedo sentir esas chispas de energía, de auténtico cariño por lo que me gusta: el Real Madrid, el deporte y la igualdad, el dibujo, las películas, contar historias.

Le dedicaré un post entero a mi experiencia en la escuela de cine mencionada arriba. Entero, porque fue y está siendo tan agria, tan desagradable, que necesito ponerlo sobre papel y que otras personas sepan reaccionar si viven unas experiencias como las mías. Pero ha sido tal, que me ha absorbido toda la energía y capacidad para crear cosas, siendo irónicamente una escuela creativa.

Iré recuperándome poco a poco, y una de las cosas que me llenarán de nuevo de ese polvo dorado, es este blog.

No puedo esperar a que vuelva la temporada y volver a vivir partidazos con vosotros; o a publicar cómics y tutoriales, o a realizar críticas (siempre positivas) de películas y series; o a

He vuelto a casa para quedarme. Encantada de veros a todos, de nuevo; amigos de Lápices y Balones.

¡¡A POR TODAS!!